Te cuento una historia que me pasó una vez de vacaciones en la Costa del Sol, en Málaga, con un amigo. Estábamos sentados en una terraza al lado del paseo marítimo, tomando una horchata fresquita. Allí cerca, al borde de la arena, había un puesto de helados, y de repente vimos un grupito de gente aglomerada, todos con helado en mână. Curioso, nos acercamos porque mi colega quería saber qué pasaba.
En el suelo estaba una chica, se notaba que estaba inconsciente. Una señora a su lado lloraba y trataba de reanimarla, pero parecía desesperada. Mi amigo, que no se perdió ni un segundo, agarró una botella de agua, se la echó por encima y le tomó el pulso. Al instante dijo que necesitaba un masaje cardíaco. Me gritó que llamara a una ambulancia, y yo lo hice rápido con el móvil.
Al poco llegaron los sanitarios, se llevaron a la chica y, antes de marcharse, le dieron las gracias a mi amigo. Resulta que Francisco había salvado la vida de la muchacha. Te juro que me quedé flipando, pero no solo por lo que hizo Fran, sino porque casi todos allí solo miraban, algunos grabando con el móvil, otros observando como si fuera una película. Igual yo tampoco habría sabido cómo actuar, pero lo importante es que la chica salió adelante.
Al día siguiente estábamos desayunando en la misma terraza, unas tostadas con tomate y café. De repente, tres coches de lujo se plantaron en la puerta. Fran, medio en broma, me dijo: Menuda pasada de coches, ojalá pudiera tener uno así. Seis tíos con pinta de ser de Europa del Este bajaron de los vehículos y vinieron directos a nuestra mesa. Uno preguntó: ¿Quién fue el que salvó ayer a la niña? Yo señalé a Francisco, y aunque se veían serios, parecía que querían hablar de buen rollo.
Nos agradecieron de corazón, y no te lo vas a creer, pero le dieron las llaves de uno de esos cochazos. Resulta que eran los hermanos de la chica, y estaban tan agradecidos que no dudaron en regalarle el coche por haberle salvado la vida a su única hermana. Fran estuvo en shock un buen rato, porque llevaba tres años ahorrando para comprar un coche y nunca lo había conseguido. Imagínate la ilusión y la sorpresa, no solo por el gesto, sino por cómo cambió todo en un día inesperado.
Así que, amigo, ya ves, a veces la vida te da pequeños milagros en los momentos más insospechados.







