Querido diario, Hoy vuelvo a pasar junto a la verja oxidada que se arrima al borde del paseo de la calle

¡No puedo creerlo! ¡Mi mejor amigo resulta ser el padre de Alejandro! Llevaba más de cuatro años cuidando

El día en que enterramos a mi marido llovía con delicadeza. Ese paraguas negro diminuto no alcanzaba

Almudena, la joven recepcionista impecablemente vestida y con la sonrisa de «hoy no me toca», observó

¡Begoña, pero en invierno hace mucho frío! Tendréis que calentar con leña y el fuego de la chimenea.

¡Has abandonado el instituto por ese amor!¡Te enviamos a estudiar, no a casarte!Nos faltaba una campesina

¿Quién eres? Almudena se quedó paralizada en la puerta de su piso, sin poder creer lo que ve.

«Estela, no entiendo qué quieres», dijo Celia. «Nada especial», replicó Esteban. «Solo quiero estar solo

Marta González se levanta para ir a trabajar antes de lo habitual. Los fines de semana los jóvenes dejan

Diario personal, Madrid, 15 de enero Todavía resuenan en mi cabeza los días en los que mi padre, León









