Después de que su padre abandonó a la familia, Beatriz desarrolló un fuerte rechazo hacia él. Aunque él le prometió que mantendrían contacto frecuente, ella no quería saber nada de él. Sin embargo, su abuela insistió una y otra vez para que lo llamara, recordándole que seguía siendo su padre y que debía mantener la relación. Esto le resultaba extraño a Beatriz, en especial porque su propia madre nunca hablaba con su exmarido. A pesar de todo, para no disgustar a su madre, Beatriz veía de vez en cuando a su padre.
Una vez la sacaron del colegio durante las clases para que pudiera verlo. Aquello no le hizo ninguna gracia a la maestra, pero poco podía hacer cuando fue el propio padre de Beatriz quien fue a recogerla. En la casa de su padre, Beatriz escuchó cómo unas compañeras de clase cotilleaban sobre la supuesta existencia de una hermana suya. Al principio le costó creerlo, pero la verdad se hizo evidente cuando vio a la nueva familia de su padre, con su esposa y su hija pequeña. La madrastra de Beatriz la trató con amabilidad, interesándose por ella y preguntándole por los deberes del colegio. Mientras tanto, su padre se mostró distante, siempre ensimismado en su ordenador, prácticamente sin interactuar con sus hijas.
Con el paso del tiempo, su padre empezó a llevarse a Beatriz a casa más a menudo y le pidió que cuidara de su hermanastra pequeña. Beatriz no soportaba esa responsabilidad y se negaba a considerar a la niña como su hermana. Sin embargo, sentía que debía ceder para aparentar una relación normal con su padre, tal y como deseaban su madre y su abuela. Cuando le pidieron que se quedase más tiempo en casa de su padre, Beatriz se negó alegando que tenía que estudiar. Su padre no se inmutó y simplemente sugirió que aprovechara para cuidar de la niña mientras él y su nueva esposa salían a cenar fuera.
Sintiendo que la utilizaban y sin recibir ni cariño ni atención, Beatriz llegó al límite y decidió no volver más a casa de su padre. Cuando este la llamó para preguntar dónde estaba y le recordó la responsabilidad con su hermanastra, Beatriz fue tajante: se negó a seguir haciendo de niñera gratuita. Observó que su padre apenas le dirigía la palabra, tan solo la llamaba para que se quedara con su hija mientras él se dedicaba a lo suyo. La falta de aprecio y de atención la terminó por alejar, rompiendo por completo el vínculo entre ambos.
Los intentos posteriores del padre y su esposa por acercarse a Beatriz resultaron inútiles. Finalmente, ella enfrentó a su padre y le exigió una explicación por su comportamiento. Él fue franco: admitió que necesitaban a alguien que cuidara de la niña más pequeña y ni siquiera fingió echar de menos a Beatriz.
Así, la relación entre Beatriz y su padre quedó empañada por la distancia, sin atisbo de reconciliación. Las acciones de él dañaron irremediablemente el lazo que los unía, dejando a Beatriz con la amarga sensación de no ser valorada, utilizada y dejada de lado.





