Mi nuera se ha enfadado conmigo por el piso y ahora está poniendo a mi hijo en mi contra

Madrid, 14 de mayo

Hoy no puedo dejar de escribir sobre lo que tengo en el pecho, porque no encuentro consuelo desde hace semanas. Siento que mi nuera, a la que tanto traté de acoger, ha conseguido poner a mi propio hijo en mi contra, y todo a raíz del asunto del piso.

Mi hijo Álvaro, mi único hijo, se ha dejado llevar por una chica que, en mi opinión, solo mira por sí misma. Al principio me alegré mucho cuando me contó que salía con una muchacha, Lucía, y hasta hice todo lo posible por mantener una buena relación con ella. No tuve nunca preferencia por quién fuera mi nuera; solo deseaba que mi hijo fuera feliz. Lucía parecía maja y educada, incluso un poco tímida. Pero no fue hasta después de la boda cuando mostró su verdadera cara.

Me acuerdo de la ilusión con la que les preparé la merienda antes de que se fueran de luna de miel. Pero al volver, Lucía anunció que dejaba su empleo. Alegaba presiones de sus jefes y que aspiraba a encontrar un trabajo mejor. Pero la realidad es que lleva dos años sin trabajar y no parece que tenga intención de cambiar la situación.

Entre tanto, viven en el diminuto piso de Lucía, en Vallecas, lejos del centro, y como ella no aporta nada, Álvaro apenas llega a fin de mes, menos aún plantearse comprar un piso propio. Todo el sueldo de mi hijo se va en mantener la casa y financiarle a ella caprichos en tiendas de ropa de la Gran Vía y tratamientos de estética.

Me cuesta creer que una chica joven y preparada no haya podido encontrar un empleo en dos años. Siempre nos dice que va a entrevistas, pero a mí me parece que disfruta viviendo cómodamente sin responsabilidades.

No hace mucho, le pregunté si tenían pensado tener un hijo, y Lucía soltó, con ese desdén tan característico:
¿Pero cómo vamos a tener críos en esta ratonera?
Le dije que quizá podrían ahorrar para la entrada de una hipoteca, que un sacrificio ahora les daría estabilidad en el futuro.
¿Ahorrar? Bastante tenemos con sobrevivir mes a mes me contestó como si la responsabilidad no fuera con ella.

No quise decirle que si pusiera de su parte, podría haber ahorrado algo en todo este tiempo. Si viera intención y esfuerzo, yo misma les ayudaría, porque tengo unos ahorros preparados precisamente para echar una mano a Álvaro cuando hiciera falta. Pero tal como están las cosas, no quiero darles dinero que seguro acabaría despilfarrando Lucía.

Ahora, de repente, Lucía ha retomado la idea de tener un niño. Se lamenta de que se le pasa el arroz, como decimos aquí, pero yo no puedo evitar pensar: ¿acaso pueden criar a un hijo en tales circunstancias? Mi hijo, influenciado, está de acuerdo con todo lo que ella dice.

Hace unos días, Álvaro vino a verme, y me planteó, con una serenidad que me dolió, la siguiente propuesta:
Mamá, ¿por qué no cambiamos de pisos? Vivimos en tu piso de dos dormitorios en Lavapiés, tú te quedas en el nuestro de Vallecas No hace falta poner nada por escrito, solo cambiamos temporalmente. Así podríamos criar a nuestros hijos y tú estarías bien.

Me quedé helada. Sé que esta idea no vino de él. Le expliqué que yo necesito vivir cerca de mi trabajo, que a mi edad no es fácil cambiar tanto. Que los árboles viejos no se trasplantan, como decimos aquí con tristeza.

Lucía, con una sonrisa cínica, remató:
Te quedan pocos años de trabajo y así podrás tener nietos cuanto antes.

Les rechacé su oferta sin dudarlo. No quiero dejar mi hogar, mi barrio ni mis recuerdos. Pero desde entonces, mi hijo apenas me habla. No ha vuelto a responder mis llamadas, ni un solo mensaje. Él nunca ha sido así; nunca fue un aprovechado. Pero ahora, bajo la influencia de Lucía, ha cambiado.

La última vez que vinieron, recuerdo cómo Lucía, saliendo por la puerta, le susurró:
¿Ves? A tu madre le damos igual, ni por un nieto movería un dedo.

No sé qué pensar. Me mata la preocupación, porque siento que he perdido al hijo que crié con tanto cariño. ¿Se dará cuenta alguna vez de lo que ocurre? ¿Volveré a tenerlo cerca de mi corazón? Las noches en Madrid son muy largas cuando una madre se siente así de sola.

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Mi nuera se ha enfadado conmigo por el piso y ahora está poniendo a mi hijo en mi contra