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08
El Rugido de Toro
Mariana miró el letrero en la ventana del restaurante en la Calle Ocho de Miami: “No se admiten mascotas”.
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019
Aquí la que manda es dueña
Todavía recuerdo el perfume de las rosas. Quince rosas rojas, enormes, que Mauricio me entregó en la
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013
La jaula de oro se cerró con mi propio hijo adentro
El alta médica olía a desinfectante y a lágrimas de felicidad. Era una mañana luminosa de enero en Albuquerque
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019
Me casé con un moribundo por su último deseo. La verdad me dejó sin palabras.
El funeral fue un martes, sin flores ni lágrimas de nadie más que las mías. Diez días antes, me había
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010
Una Piedrita Lisa
Mi abuelita siempre caminaba mirando al suelo. No porque estuviera triste ni nada de eso. Buscaba piedritas lisas.
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017
Tú vas a poder con esto, papá
Mauricio se acomodó la almohada por quinta vez y cerró los ojos con fuerza, fingiendo que no escuchaba
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012
El portazo que retumbó en todo Houston
Andrés apartó su plato de enchiladas a medio comer, se limpió las comisuras con la servilleta de tela
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011
La que cargaba con todos
A Marisela le bastaban tres horas de sueño para funcionar. No era algo que hubiera elegido, sino algo
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024
Solo me dejó un reloj viejo… y una verdad que valía más que todo
Mi mamá soltó el fajo de papeles sobre la mesa del comedor, justo al lado de la fuente de tamales que
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010
La bofetada que selló su ruina
El pasillo del juzgado de Miami olía a café recalentado y a ansiedad. Las baldosas beige reflejaban la
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