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El timbre de mi celular vibró sobre la mesita de noche. Once y cuarto de la noche. Cuando ves ese nombre

Sesenta y ocho años. Cero velas. Solo el zumbido de la nevera y una taza de café con leche que se fue

Conocí a Gustavo en una carne asada en casa de una amiga, en el este de Los Ángeles, un domingo cualquiera

El día que despidieron a la señorita Carmen, el pasillo de la secundaria olía a desinfectante de pino

El día que Andrés decidió abandonar el barco, llevaba puestos los mocasines italianos que yo misma le

Aún recuerdo el sonido de sus risas rebotando en las paredes de aquella sala en Houston, el olor a carnitas

Valentina llevaba cuarenta minutos parada frente a la vitrina del duty free del aeropuerto de Miami.

—¿Y este fin de semana quién se queda con mamá? —la pregunta de mi tía Carmen flotó en el comedor como

La harina estaba por todas partes. Se había metido en las grietas del piso de linóleo, se aferraba a

Fue un martes de agosto, con ese calor pegajoso de Miami que no te deja ni respirar. Esa tarde empecé










