Valentina se dirigía al trabajo cuando, de repente, se dio cuenta de que se había dejado el móvil en casa. Decidió regresar, entró en el ascensor y entonces…

Mira, te cuento lo que le pasó a Valeria el otro día. Total, que iba camino de la oficina, y de repente se da cuenta de que se ha dejado el móvil en casa. Vuelta corriendo, sube al portal y se mete en el ascensor, que ¡zas!, se queda parado justo en el octavo. Imagínate el susto. Ella ahí, esperando a que viniera alguien a abrirle, cuando de repente empieza a escuchar unas voces en el pasillo. Y era la de su marido, Gonzalo. Pero lo fuerte es que no iba solo, le estaba hablando a una chica, que por el tonito, se notaba que mucha vecina no era

Cariño, mi amor le decía él en un susurro de estos de complicidad, qué ganas tengo de verte y estar otra vez contigo

Y la otra, Lucía, en plan telenovela:
Esta noche lo estaremos. Te espero después de las diez.

Y Gonzalo, muy seguro, preguntando:
¿Hoy tu marido vuelve a hacer noche?

Sí, toda esta semana le tocan turnos de noche le responde ella bajito. Se va sobre las nueve y media y vuelve al alba. Deberíamos darnos prisa, que pronto volverá

Y claro, mientras tanto, preguntándose qué pasa con el ascensor, ¿por qué no baja? Al final se les notaba el nerviosismo. Y después de hablar un rato ahí, cayeron en la cuenta de que el ascensor no iba Así que bajaron andando, pensando que nadie se enteraba.

Pero Valeria, claro, había escuchado todo, palabra por palabra, mientras seguía ahí encerrada. Encima, que si Gracias por todo, por estos ratos que me das, que si lo feliz que soy contigoun espectáculo. Al principio pensó que era paranoia suya, pero al oír los nombres de los tres, se le cayó el mundo encima. Confirmado: Gonzalo la estaba engañando nada menos que con la vecina del piso cuarenta. De flipar.

Valeria no se podía creer lo que estaba escuchando. ¡Así que esto era, eh! pensó para sí. Qué bien te lo tienes montado, justo aquí en el octavo. Ahora sé adónde vas todas las noches a eso de respirar aire fresco antes de dormir. Ya me encargaré yo de que recuerdes muy bien tu paseíto.

Al poco, aparecieron los técnicos y la rescataron. Pero ya tenía pensada su venganza

Llegadas las diez de la noche, la hora de siempre, Gonzalo se iba a dar su vuelta de rigor para despejarse.

Valeria, salgo un rato. Vuelvo en una horita le dice tan campante.

Pero si está lloviendo, hombre le advierte ella.

¿Lluvia? Bueno, pues saco el paraguas y no me mojo.

¿No prefieres salir al balcón? Tienes aire fresco también y menos lío.

No, no. El médico dice que ande, que me viene bien para el corazón. Y en el balcón no se puede caminar gran cosa.

Bueno, tú sabrás, pero no es tu día hoy, Gonzalo.

¿Otra vez con tus supersticiones? ¡Ya suficiente tengo! Nada, vuelvo enseguida.

Total, que sale, pero a la media hora regresa pitando, empapado y sin sus cosas. Resulta que al marido de Lucía le llegó un soplo por teléfono de que su mujer le estaba engañando. Y claro, pilló a Gonzalo tal cual.

Valeria le abrió la puerta, pero apenas la dejó entreabierta, con la cadena puesta.

¿Y el paraguas? ¿Y la ropa? ¿Dónde vas así, descalzo y en camisa?

¡Me han atracado unos chavales en la calle! dice él, medio tiritando. Me han quitado todo, hasta los zapatos. Pero déjame pasar, que me muero de frío.

Tus cosas las tienes preparadas, Gonzalo. Están junto al cubo de la basura. Y dale recuerdos a Lucía.

¿A quién?

A tu amiga del octavo.

Y allí mismo le cerró la puerta en las narices y se fue al salón a ver la tele tan tranquila. Menos mal que los chicos ya son mayores y no han presenciado este circo, pensó.

Gonzalo, sin otra opción, corrió a buscar su maleta entre los cubos, se vistió como pudo y decidió pedir un taxi para irse a casa de su madre. Pero claro, el móvil lo había dejado en casa de Lucía. Así que le tocó volver a casa a pedirle el teléfono a Valeria. Y justo cuando iba a entrar en el edificio, ¡zas!, queda atrapado en el ascensor porque había habido un apagón de luz en toda la comunidad. Igual que Valeria antes, atrapado en el octavo.

Cuando por fin volvió la luz y consiguió salir, Valeria ya se había ido a trabajar y él ni siquiera tenía llaves de la casa, porque el piso era de ella. Y bajando por las escaleras, en el octavo se cruzó con Lucía, que también iba con una maleta.

¿Tienes mi móvil tú? le preguntó.

Sí contestó ella, con cara de susto. Y también tu ropa.

Vaya, menos mal.

Bajaron juntos en el ascensor. Pero al salir, cada uno cogió un taxi distinto a destinos opuestos. Y así se acabó la historia, ¡vaya tela!

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MagistrUm
Valentina se dirigía al trabajo cuando, de repente, se dio cuenta de que se había dejado el móvil en casa. Decidió regresar, entró en el ascensor y entonces…