CÓMO VADIK PRESENTÓ A SU NOVIA A SU MADRE…

Mamá, ella es mi novia, Inés intentó decir Víctor como si fuera algo trivial, pero su nerviosismo se escapaba en cada palabra. Y nosotros bueno queremos eso ya sabes en fin

Ya Lo que quieres tú, hijo mío, me lo sé de memoria la madre, Carmen Ruiz, escrutaba a la muchacha con una mirada sagaz. Pero, ¿y tú, Inés? ¿Tú quieres lo mismo que mi hijo?

Por supuesto respondió la futura nuera, sin el más mínimo rubor. A Víctor lo conozco como si fuera de mi propia sangre.

¿Cómo dices? Carmen se quedó tan sorprendida que le cambió el trato a usted. ¿Eso es manera de hablar en una chica?

¿Y qué tiene? Es una expresión hecha, conocer como a uno mismo. Pero no vamos a hablar aquí de Víctor, ¿no le parece? Deberíamos conocernos bien usted y yo. Nunca se sabe si vamos a encajar.

¿A qué te refieres? tartamudeó Carmen, descolocada.

Me refiero a que nos va a tocar esperar juntas a Víctor por las noches, mientras él sale por ahí de copas. Y también a escuchar, en perfecta sincronía, cómo ronca cuando vuelve medio mareado.

¿Y eso por qué lo tengo que hacer yo? protestó Carmen, intentando recuperar el control de la conversación. Vosotros dormiréis aparte ¿Eso espero?

Pero seguro estará con la oreja pegada a la puerta, preocupada. Eso lo hacen todas las madres.

¡Vamos a ver! Víctor miró desconcertado el insólito intercambio. ¿Pero qué estáis diciendo de mí?

¡Silencio! exclamaron al unísono las dos mujeres, como si fueran toda una vida familia.

Mire, Carmen Ruiz, quería preguntarle si usted alguna vez se ha peleado Porque Víctor no me quiere decir nada.

¿Que si me peleo? Carmen abrió los ojos como platos. ¿Acaso una mujer elegante se puede pelear?

Claro sonrió Inés, divertida. Hay quienes zarandean a su marido que da miedo.

Madre mía Carmen se cubría la cara con las manos. ¡Qué barbaridades!

No se escandalice Inés la miró cómplice. Reconózcalo, alguna vez le habrán dado ganas de soltarle una colleja a su marido ¿o a su hijo?

Pues Carmen estuvo a punto de confesar, pero se contuvo. No, nunca.

Admiro su esfuerzo por aparentar sonrió Inés. Pero cuesta creerlo. No se puede criar a un hijo como Víctor y no querer darle un buen azote de vez en cuando. Por cierto, ¿de pequeña le daba usted alguna vez con la zapatilla?

¡Claro que no! esta vez Carmen sí fue sincera.

Eh intentó intervenir Víctor, pero recibió la misma respuesta de antes:

¡Silencio!

Eso fue un error, Carmen Ruiz Inés le dio una palmada cariñosa a Víctor. Un trasero que siempre busca líos bien merece un pequeño escarmiento. En fin, el muchacho es bueno, todavía se le puede reconducir. Por cierto, ¿le apetece un té? Las mejores confidencias siempre surgen con una taza delante. Y he traído una tarta para acompañar

Por la noche, cuando llegó el marido de Carmen, la mujer soltó la bomba delante de su hijo:

¡Cariño! ¡Nuestro Víctor por fin se nos casa!

¡Virgen Santa! ¡No me lo puedo creer! exclamó el padre jubiloso.

Calmaos, que yo aún me lo pienso les recordó Víctor, incómodo.

No, hijo dijo Carmen con tono amenazante. Esta vez te casas sí o sí. Y si te echas atrás, te prometo que adopto a Inés como hija.

Pero mamá, que Inés tiene padres replicó Víctor, divertido.

Me da igual respondió Carmen con severidad. Entonces a ti te devuelvo al hospital y digo que me dieron el hijo equivocado Y tu padre me apoyará.

Si hace falta, lo juro asintió el padre, cerrando el puño y guiñando a su hijo con complicidad.

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