Querido diario,
Hoy he estado pensando en lo más difícil de crecer y me doy cuenta de que es ver cómo mi madre envejece.
Cuántas veces me he quejado de ella
Que si habla demasiado, que si se mete en todo, que si pide más de lo que creo poder dar.
Que siempre está ahí, preocupándose por cosas que yo veo como pequeñeces.
Pero el corazón de una madre nunca descansa vigilando a sus hijos.
Ella ama con tanta fuerza, que a veces confunde ese amor con la obligación de cargar con todo.
Aguanta gritos, malos humores, rechazos
Y aun así, es capaz de defender incluso a quienes más la han herido.
Hay madres que callan por amor, esconden dolores que les destrozan por dentro.
Mientras los demás seguimos con nuestra vida, ella envejece en silencio con un corazón pesado por el sufrimiento de los otros.
Pero cuando ya no está
Es cuando aparecen las flores más caras.
Es entonces cuando se contrata a la mejor tuna para despedirla.
Es entonces cuando brotan lágrimas que ya nadie puede consolar.
Y entonces nos preguntamos
¿Por qué esperamos al último día para darlo todo?
¿Por qué no la valoramos mientras sigue aquí, a nuestro lado?
No esperes a que tu madre ya no esté para comprender que ha entregado su vida entera por ti.
Ámala hoy.
Escúchala hoy.
Abrázala hoy.
Porque sí, hacerse mayor duele pero ver cómo ella envejece sin recibir nuestro amor duele mucho más.





