Nadie olvidará la boda de mi hijo. Durante la ceremonia se desvelaron dos secretos

Mi hijo se casó hace poco. Por supuesto, antes su novia ya había venido varias veces a cenar en casa y pronto le cogimos mucho cariño. Era una joven educada, humilde, de gran belleza y con mucha cabeza. Nos sentíamos de lo más felices por nuestro hijo y preparamos la celebración con muchísima ilusión.
El día de la boda, mi nuera llevó un peinado recogido que dejaba sus orejas completamente al descubierto. Iba guapísima y no me fijé en nada fuera de lo común. Sin embargo, en cierto momento, reparé en un lunar en su oreja derecha. Era idéntico al de mi hija, aquella niña desaparecida tantos años atrás. Sentí un vuelco en el corazón y decidí indagar para confirmar mi sospecha.
Cariño, perdona la pregunta tan directa ¿alguna vez te han dicho si fuiste adoptada?
No, nunca. ¿Por qué lo dices? me respondió, para luego levantarse y salir a bailar con mi hijo.
Su madre, que estaba sentada a mi lado, escuchó nuestra conversación y asintió en silencio. Ya no tenía sentido ocultarlo más. Fue entonces cuando los padres de la chica confesaron que sí, que la habían adoptado siendo ella apenas un bebé.
Contaron que un día, durante un viaje a las afueras de Valladolid, encontraron a una niña pequeña sentada, inmóvil y llorando, en la cuneta de una carretera. No dudaron ni un instante en llevársela. Llevaban quince años intentando tener hijos, sin éxito. Así, para calmar su pena, tomaron esa decisión y nunca dijeron nada.
Fue precisamente aquel año cuando yo perdí a mi hija. Íbamos juntas al mercado de la Plaza Mayor y, en un descuido entre la multitud madrileña, la perdí de vista. Entre tanta gente en la capital, era como buscar una aguja en un pajar. La busqué durante muchísimo tiempo, pero después de mil intentos fallidos, la esperanza me abandonó.
Y ahora, resulta que mi hijo ha elegido casarse precisamente con esa niña, mi propia hija, a la que tanto lloré. Ni en un millón de habitantes de España podía imaginar que él se enamoraría de ella.
Al principio aquello fue como una pesadilla. Los padres de la chica se angustiaron muchísimo, lamentando que los novios no podrían tener una vida feliz juntos. Pero logré tranquilizarlos. Tras perder a mi hija, busqué calmar el dolor adoptando a un niño del orfanato de la ciudad. Para ser sincero, fue él quien me escogió a mí, entre muchos otros padres candidatos. Así, ambos logramos reconstruir una parte de nuestras vidas.
Aquel día salieron a la luz los secretos de dos madres que amaron a sus hijos por encima de todo.
Cuando los invitados escucharon la historia, estuvieron mucho tiempo comentándola. Al final, toda la sala coincidió: habíamos presenciado un verdadero milagro.
Dime tú, ¿crees que fue casualidad o el destino?

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Nadie olvidará la boda de mi hijo. Durante la ceremonia se desvelaron dos secretos