Cuando Beatriz supo que estaba embarazada, su familia no pudo ocultar el estupor: no aceptaban que t…

Cuando Lucía descubrió que estaba embarazada, el mundo de su familia se tambaleó. El estupor se hizo dueño de la casa. No soportaban la idea de que su hija estuviera con alguien a quien, según ellos, no le veían futuro.

Lucía era una muchacha sencilla de Salamanca, hija de una familia corriente. Creció con su madre y su padrastro, que supo desempeñar el papel de padre con cariño y entrega. Sus padres siempre la apoyaron en todo; sabía que podía confiar en ellos y que el amor nunca le faltaría. Terminó el bachillerato y aprobó la Selectividad, pero la admisión a la universidad era incierta debido a sus dificultades con el inglés.

Convencida de que unas clases particulares acelerarían su aprendizaje del idioma, comenzó a buscar profesor. Eligió a Mamadou, un joven de Guinea que había llegado a España para estudiar. Controlaba el inglés a la perfección y llevaba años dando clases privadas. Al principio, las sesiones eran un desastre para Lucía. Pero poco a poco, Mamadou conquistó su simpatía, y pronto su relación se hizo muy estrecha, tan intensa que ya no querían separarse.

Cuando llegó la noticia del embarazo de Lucía, la familia, entre susurros y miradas cargadas, se quedó helada. No aceptaban que ella estuviera con alguien que, según sus prejuicios, desaparecería tarde o temprano. Se imaginaban a la hija criando sola a su niño, soportando, además, que el pequeño destacaría sobre los demás por su aspecto.

Tras obtener su diploma, Mamadou regresó a su tierra natal. Aun así, no dejó de comunicarse con Lucía. Esperaban juntos el nacimiento de su hija; se llamaban cada día y se veían por videollamada. Cuando la niña al fin nació en Salamanca, la frialdad hostil de la familia empujó a Lucía a tomar una decisión: se iría con su hija a Guinea.

La vida en África no fue sencilla para Lucía y su marido. El clima asfixiante les desgastaba y la adaptación se hizo imposible. Sin otra opción, regresaron a España. Con el tiempo, nació su segunda hija. La familia persistió en su rechazo: se negaban a tener contacto con ellos, pero Lucía nunca consideraría abandonar a su compañero solo para satisfacerles. Ahora planean mudarse a Canadá, con la esperanza de encontrar allí una sociedad más abierta y comprensiva, donde reconstruir su vida y su familia sin miedo ni vergüenza.

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