Mi jefe fue la persona que me dijo que mi marido me estaba siendo infiel.
Estoy casada y trabajo en una pequeña empresa en Madrid. Mi jefe, Javier, está separado, es un hombre solo y desde hace tiempo viene coqueteando conmigo. Nunca he sido grosera, pero él insiste más de lo que debería. Siempre dejo claro el límite. Varias veces le he pedido que pare, que tengo pareja, y que empieza a resultarme incómodo porque ya se nota en la oficina. Él dice que lo entiende, y seguimos trabajando normalmente.
Un día me llama a su despacho. Cierra la puerta y me dice que hay algo personal de lo que quiere hablar conmigo. Me pregunta si mi marido sigue viajando los fines de semana. Le contesto que sí. Entonces él va directo al grano:
Le he visto con otra mujer.
Me cuenta que su subdirector salió con unos amigos a un bar de Malasaña, luego él se unió, y allí reconocieron a mi marido. Se estaba besando con otra. Yo le dije que no me lo creía. Entonces saca el móvil y me enseña un vídeo.
El vídeo no es muy claro. Está grabado a oscuras, desde lejos, y con mucho ruido. Pero reconozco a mi marido por la ropa, por la forma de moverse, por su perfil. No hay duda. Siento rabia, vergüenza y una sensación de impotencia enorme. Salgo del despacho y me voy a casa. Esa misma noche le enfrento. Primero lo niega. Luego dice que solo ha sido un error. Pero no se va de casa.
Los seis meses siguientes son un auténtico infierno. Yo ya no quiero estar con él, pero él se niega a marcharse. El piso es de alquiler y dice que tiene derecho a quedarse. Empieza a hacerme la vida imposible. Pone música alta por las mañanas, invita a gente sin avisar, deja todo sucio, hace comentarios hirientes, se burla de mí. Cada discusión acaba peor que la anterior. Duermo fatal y vivo con ansiedad.
Un día reviso el contrato de alquiler y veo que pronto termina. Me doy cuenta de algo muy simple: este piso no es mío, no tengo por qué aguantar esto. Empiezo a buscar habitación por mi cuenta. Hago las maletas, firmo un nuevo contrato y me largo. No hubo despedidas. Me llevé lo esencial y cerré ese capítulo.
Todo ese tiempo, Javier, mi jefe, me observaba, primero solo como apoyo. Me preguntaba si necesitaba algo, si estaba bien. Empezamos a hablar fuera del trabajo al principio mensajes, luego cafés. Yo no quería nada, solo tranquilidad. Él lo respetó. Pasaron meses antes de que fuésemos algo más.
Después encontré otro empleo, en una empresa de Barcelona, y no fue por él, simplemente me salió una mejor oferta: mejor salario, mejor cargo. Renuncié al trabajo. Y entonces nuestra relación cambió. Ya no era mi jefe. Éramos dos personas saliendo juntas.
Hoy cumplimos un año de relación.
Mi ex marido quedó fuera de mi vida. Perdí un matrimonio pero gané tranquilidad y un gran hombre.







