—No lo soporto más. ¡Soy la amante de tu marido! Todos estos años nos hemos estado viendo. ¡Sí! No pongas esa cara de asombro y no te desmayes…

No me andaré por las ramas. ¡Soy la amante de tu marido! Todos estos años nos hemos visto. ¡Sí! No pongas esa cara de asombro ni te desmayes

Isabel preparaba la cena, su marido, Adrián, llegaría en una hora. Su hija de diez años, Lucía, estaba en su clase de baile.

Llegaría en media hora, tiraría la mochila y se sentaría a la mesa esperando la cena. Mientras, contaría sus aventuras con las amigas, sus logros, lo que decía la profesora Isabel sonrió. Siempre era un placer escuchar a su hija.

Llamaron a la puerta. Era temprano para que llegara Adrián, y además tenía llaves. Seguramente, Lucía las había olvidado otra vez. Isabel abrió, pero en lugar de su hija, había una mujer joven.

No me andaré con rodeos. Soy la amante de tu marido. Todos estos años nos hemos visto. ¡Sí! No pongas esa cara de asombro ni te desmayes.

¿Todos estos años cuánto es eso?

Tres años. A mí me iba bien. Más tranquila viviendo sola y teniendo un hombre que venía cuando quería.

Sin gastos, ni económicos, ni físicos. ¡Sí! Yo no lavaba, no cocinaba, no limpiaba tras él. Y ahora tampoco pienso en cambiar nada.

No habría venido, pero estoy embarazada. Fue un accidente, pero ya es tarde para remediarlo.

Isabel recordó lo difícil que había sido para ella ser madre. Ella estaba bien, pero Adrián tenía problemas. Tuvieron que recurrir a la inseminación artificial.

La primera vez no funcionó, pero la segunda tuvieron suerte. Hasta pensó que serían gemelos, pues era común con ese método. Nació Lucía. Y ahora, esta noticia.

¿Cómo que no vas a cambiar nada? ¿Tienes un hombre que viene y ahora esperas que sea un padre que viene?

No, no exactamente. Tendré un hombre y un niño que vendrán a verme.

Interesante. ¿Y cómo te lo imaginas? ¿El padre criará al niño y vendrá a ti para que se relacione con su madre?

Sí. Yo no quería este niño, fue un accidente.

¿Y Adrián te dijo que no podía tener hijos?

¡Pues parece que sí puede! Necesito ver en qué condiciones vivirá mi hijo. Todo en su lugar.

Tu hija es tuya, y Adrián la ha criado, aunque no sea su padre. Ahora tendrá un hijo suyo, y la crianza recaerá sobre ti.

Señorita, ni siquiera sé su nombre, pero su hombre ya no vive aquí. Puede pasar a recoger sus cosas. Lo demás no me interesa.

Isabel iba a cerrar la puerta, pero vio a Lucía, que volvía de sus clases.

Mamá, ¿qué pasó? ¿Qué niño? ¿Por qué papá no es mi padre?

¿Lo oíste todo? Pues es hora de explicártelo.

Mamá, ya no soy una niña, casi tengo once. Lo entenderé.

Isabel se lo contó todo.

Eres mi hija, pero tu padre te quiere, es tu padre legal desde que naciste. Los dos te esperamos con ilusión.

Y ahora él espera otro niño, pero tú no serás su madre. Yo no seré su hermana. ¿Verdad?

Bueno sí tienes razón. Y otra cosa ya eres mayor, no quiero seguir viviendo con tu padre.

Te ayudaré, no te preocupes, mamá. Ya soy grande, que se vaya. Te quiero, pero esa la que vino Que se vaya con ella.

Adrián llegó puntual, como siempre.

¿Qué pasa aquí? ¿Por qué nadie me recibe?

Lucía solía abrazarlo al llegar, pero ahora había silencio. Estaba en su habitación.

Isabel, ¿dónde está Lucía? ¿Se retrasó en el baile o está enferma?

Vino tu amante. Espera un hijo. ¡Tuyo! ¿Quieres explicarme qué hacía aquí?

Isabel, entiéndeme, es mi hijo, no puedo rechazarlo.

¿Y sabes lo que ella propone?

Lo sé. No lo quería, pero Lucía está aquí, ahora habrá otro. ¡Será mi hijo! Vivirá conmigo.

¿Estás seguro? ¿De que es tuyo? ¿Recuerdas tu diagnóstico?

¡Hay excepciones!

Fantástico. Pues vete con la madre y tu “excepción”. ¡Ahora mismo! Las cosas las recoges después.

¡No, Isabel! ¡No puede ser! Allí no me esperan. No me necesitan bueno, sí, pero no así.

Aquí tampoco te esperan. No eres necesario. ¡Lárgate!

¿Y Lucía? Soy su padre, aunque no biológico, pero la he criado. ¿Qué tiene de malo que mi hijo viva con nosotras? Mi hijo de verdad. Es justo.

Tu amante ya me habló de justicia. Primero averigua si es tuyo, y luego hablas. Adiós.

Isabel se divorció de Adrián. Él tuvo que irse, porque el piso era de los padres de Isabel. Habían construido una casa y nunca lo transfirieron a su hija. Claro, en el divorcio no habría cambiado nada.

Adrián se quedó sin hogar. Para su amante, el hombre que solo visitaba era mejor, y no quería cambiar su forma de vida. Tampoco quería ocuparse del niño.

La futura madre no tenía intención de cuidarlo. Podía jugar, divertirse, pero nada más. Noches en vela, pañales, enfermedades Eso no entraba en sus planes.

Tras el nacimiento, demandó la manutención, pero perdió. Nadie sabe cómo cría ahora al niño aquella madre negligente. El diagnóstico de Adrián no cambió; la paternidad no se confirmó.

Su hija legal era solo una, pero no quiere hablar con él. Paga la pensión, intenta volver, pero Isabel tampoco lo quiere ver.

Así es, no resulta fácil sentarse con un solo trasero en dos sillas

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MagistrUm
—No lo soporto más. ¡Soy la amante de tu marido! Todos estos años nos hemos estado viendo. ¡Sí! No pongas esa cara de asombro y no te desmayes…