**Diario de un Marido**
Lola estaba junto a la ventana, mirando cómo la lluvia golpeaba el alféizar. A sus espaldas, los pasos apresurados de su marido, Andrés, resonaban por el piso mientras hablaba por teléfono en voz baja, casi inaudible.
—Andrés, ¿qué pasa? —preguntó, volviéndose hacia él—. Llevas todo el día nervioso.
Andrés se detuvo en medio del salón, con el móvil aún en la mano, y la miró con culpa.
—Lola, tengo que decirte algo —empezó, vacilante—. Pero no te alteres todavía, ¿vale?
El corazón de Lola dio un vuelco. Después de dieciocho años de matrimonio, conocía cada tono de su voz. Este en particular solo aparecía antes de malas noticias.
—Dímelo ya —dijo, sentándose al borde del sofá.
—Mamá vuelve.
—¿Cómo que vuelve? —Lola lo miró confundida—. ¿De dónde?
—De Málaga. De Luisa. Se pelearon, y ahora quiere regresar. Con nosotros.
Un escalofrío recorrió la espalda de Lola. Carmen, su suegra, se había mudado con su hija menor hacía seis meses después de otro conflicto familiar. Entonces, Lola había pensado que, por fin, viviría en paz en su propia casa sin críticas constantes.
—Andrés, no —dijo con firmeza—. Lo hablamos. ¿Recuerdas lo que pasó la última vez?
—Lola, es mi madre —susurró Andrés, sentándose a su lado—. No tiene adónde ir.
—¡Tiene su propio piso!
—Lo tiene alquilado. Firmó un contrato hasta fin de año.
Lola cerró los ojos, intentando calmarse. Recordó esos meses interminables con su suegra en casa: los comentarios sobre su cocina, la limpieza, la educación de los niños. Cada decisión suya era cuestionada.
—¿Y qué pasó con Luisa? —preguntó.
—No estoy seguro. Mamá solo dijo que no podía seguir allí. No se llevaba bien con su yerno.
—¿Y cuánto tiempo piensa quedarse con nosotros?
—Hasta fin de año, cuando liberen su piso.
Lola se levantó y caminó por la habitación. Cuatro meses. Cuatro meses viviendo con alguien que siempre la había considerado indigna de su hijo.
—Andrés, no puedo —dijo, deteniéndose frente a él—. No puedo pasar por lo mismo otra vez.
—Lola, por favor —tomó sus manos—. Ha cambiado. Medio año fuera le habrá hecho reflexionar.
—Tu madre nunca cambiará. Seguirá culpándome de todo.
Andrés calló. Sabía que su mujer tenía razón. Carmen nunca había aceptado a Lola, encontrando fallos donde no los había.
—¿Cuándo llega? —preguntó Lola, exhausta.
—Mañana por la mañana.
—¿Mañana? —Lola dio un respingo—. ¿Estás loco? ¿Por qué no avisaste antes?
—Acaba de llamarme hoy. Dice que ya compró el billete.
—Fantástico —Lola negó con la cabeza—. O sea, ni siquiera iba a pedir permiso. Simplemente nos presenta el hecho consumado.
—Lola, ¿qué querías que hiciera? ¿Que durmiera en la calle?
—Podría haberse quedado en un hotel. O con alguna amiga.
—No tiene dinero para un hotel. Y las amigas… ya sabes cómo es.
Lola lo sabía demasiado bien. Carmen había logrado pelearse con todos los vecinos, con todas sus amistades. Siempre descontenta, siempre criticando.
Esa noche, durante la cena, se lo contaron a los niños. Jaime, de catorce años, se encogió de hombros; para él, su abuela era simplemente una mujer que a veces le daba dinero y otras le regañaba. Pero Lucía, de once, frunció el ceño.
—¿Otra vez va a decir que hago mal los deberes? —preguntó.
—Lucía, la abuela solo quiere lo mejor para ti —intentó explicar su padre.
—Pues que lo quiera desde lejos —refunfuñó la niña, y Lola contuvo una sonrisa.
A la mañana siguiente, Lola se levantó temprano y preparó el desayuno. Quería que su suegra viera que la casa estaba en orden, que ella era una buena ama de casa. Aunque sabía que era inútil: Carmen siempre encontraría algo que criticar.
A las diez y media, sonó el timbre. Andrés corrió a abrir, mientras Lola se quedó en la cocina, frotando platos que ya estaban limpios.
—¡Andrés, hijo mío! —se oyó la voz de Carmen en el recibidor—. ¡Cuánto te he echado de menos!
—Mamá, pasa, pasa. ¿Cómo fue el viaje?
—Horrible. El tren iba lleno, el aire acondicionado no funcionaba. Y encima, un borracho en nuestro vagón armó escándalo toda la noche.
Lola respiró hondo y salió al recibidor. Carmen estaba rodeada de maletas y bolsas. Tant





