El misterio de una antigua fotografía

El misterio de la vieja fotografía

Nico y Elena estudiaban en el mismo grupo de la universidad. Ella era una chica como cualquier otra, nada especial. Pero, no sé si fue el momento de enamorarse o si algo había cambiado en ella, lo cierto es que un día Nico la miró con otros ojos, como si no la reconociera, y el mundo se le volteó del revés. Todo parecía distinto para él ahora.

Después de clase, la esperaba a la salida del edificio. Pero ese día, Elena pasó corriendo sin verlo. Se acercó a un chico y se fueron juntos. Nico se quedó allí, mirándolos hasta que desaparecieron, tratando de ahogar la decepción y la rabia que sentía.

¿Qué esperaba? ¿Que ella se quedaría esperando a que él se dignara a fijarse en ella? Era normal que una chica como Elena tuviera novio.

Un día llegó a clase con los ojos rojos de tanto llorar. Estuvo callada y distraída todo el día. Nico volvió a esperarla a la salida, pero esta vez no había nadie más, así que se armó de valor y se acercó.

—¿Vas a casa? —preguntó.

—No, a lo de mi abuela. Ahora vivo con ella. Está enferma.

Elena le contó que su abuela tenía la presión alta y problemas en las articulaciones. En primavera se ponía peor, ni siquiera podía salir a la calle.

Nico caminaba a su lado, apenas escuchándola, sintiéndose en el séptimo cielo. El corazón le latía fuerte mientras repetía en su mente el mejor nombre del mundo: Elena, Elena, Elena.

Vivía a tres paradas de autobús de la universidad.

—No te invito a pasar. Mi abuela no se siente bien —se disculpó Elena al llegar a su portal.

Al día siguiente, Nico volvió a preguntar por su abuela.

—Normal. Pero mi madre vino anoche con su nuevo marido. La abuela se puso nerviosa, la presión se disparó y tuvieron que llamar a una ambulancia. Ojalá no hubiera venido.

«Ya entiendo. No se lleva bien con su padrastro. Tal vez por eso se mudó con la abuela.» Pero Nico no quiso indagar más.

Poco antes de los exámenes finales, la abuela de Elena falleció. Nico estuvo a su lado todo el tiempo, apoyándola. Después del funeral, Elena se quedó viviendo en el piso de su abuela.

—¿No te da miedo el fantasma de tu abuela? —bromeó Nico un día, acompañándola a casa.

—No. Aunque su carácter no era precisamente angelical, era buena conmigo.

Un día, Nico reunió el valor para preguntarle qué había pasado con el chico que la recogía en la universidad. Elena puso mala cara y respondió que se había casado con su madre.

—¿Te imaginas? Ahora es mi padrastro —dijo, bajando la cabeza para ocultar su vergüenza.

Después del primer examen, Elena lo invitó a su casa. A Nico le gustó el piso, lleno de muebles antiguos y paredes con papel pintado desteñido. Sobre la mesa había un álbum de fotos.

—¿Puedo? —preguntó, señalándolo.

—Mira. Estaba escogiendo una foto de mi abuela para la tumba… —Elena se sentó junto a él en el sofá y comenzó a pasar las páginas, comentando algunas imágenes.

—Esta soy yo pequeña. Y estos son mis padres, cuando eran jóvenes. Yo ni había nacido.

—¿Tus padres se divorciaron? —preguntó Nico, recordando lo del nuevo marido de su madre.

—Sí, mi padre no aguantó el carácter explosivo de mi madre. Yo era muy pequeña cuando pasó. Ahora tiene otra familia y no hablamos.

—¿Y esta? —Nico señaló a una mujer mayor de mirada dura y labios apretados.

—Así era mi abuela, sin maquillajes. En los últimos años estuvo así —dijo Elena, pasando la página.

—Y aquí, de joven. ¿Ves qué guapa era? —señaló otra foto.

Una joven sonriente, con un vestido floreado, miraba a la cámara. Nico no podía creer que fuera la misma persona.

Elena volvió a pasar la página, pero Nico la detuvo.

—Espera, vuelve atrás. ¿Esta también es tu abuela? —preguntó, señalando otra imagen donde aparecía la misma joven, pero esta vez acompañada de un hombre. —¿Quién es él?

—No lo sé. Un familiar o un amigo, supongo. Mi abuela nunca miraba este álbum, así que nunca pude preguntarle. Oye, ¿qué te pasa? —preguntó, al ver la expresión de Nico.

—Tengo que irme —dijo él, cerrando el álbum de golpe. —Mañana te llamo.

Se detuvo un instante en la puerta, como si quisiera decir algo más, pero finalmente salió.

En vez de ir a su casa, Nico fue a ver a su abuelo, que vivía al otro lado de Madrid. Durante todo el trayecto, miró por la ventana del autobús sin ver nada.

—¡Nico! ¡Qué sorpresa! Hacía tiempo que no venías. Pasa —el abuelo se alegró de verlo.

—¿Cómo van los estudios? ¿Aprobando todo? ¿Y en el amor? —le soltó varias preguntas mientras Nico se quitaba las zapatillas.

—Todo bien, abuelo. Hoy saqué un sobresaliente en el primer examen.

—Bien hecho. Voy a poner la tetera, celebremos tu nota. —El abuelo se fue a la cocina y Nico se acercó a una estantería.

—¿Qué buscas? —preguntó el abuelo, acercándose sin hacer ruido.

—El álbum de fotos que tenías aquí…

—¿Para qué lo quieres? Lo guardé abajo. —Abrió un cajón y sacó un álbum viejo. —Aquí está. ¿A quién buscas? —preguntó, mirándolo con curiosidad.

Nico se sentó en el sofá y comenzó a hojearlo. El abuelo se sentó a su lado, observándolo con atención. De repente, Nico encontró una foto partida por la mitad entre las páginas.

—¿Eres tú? ¿Por qué está cortada? ¿Quién estaba en la otra mitad? —preguntó, mirando a su abuelo.

Este se sobresaltó, como si le hubieran golpeado.

—No me acuerdo. No había nadie más. Solo esa mitad.

Nico notó inquietud en sus ojos.

—Es que hoy estuve en casa de una chica y me mostró el álbum de su abuela. Había una foto igual, pero entera. En ella aparecías tú abrazando a una mujer joven… su abuela.

El abuelo se levantó bruscamente y comenzó a caminar de un lado a otro. En la cocina, la tetera silbó, pero él no regresó. «¿Qué estará haciendo?», pensó Nico, preocupado.

Lo encontró sentado a la mesa, con la cabeza entre las manos.

—¿Te encuentras mal? —Nico dejó la foto partida sobre la mesa.

—¿Cómo se llama tu chica? —preguntó el abuelo, levantando la mirada.

—Elena.

—¿Y su abuela? —insistió.

Nico recordó una foto que había visto en casa de Elena. Al dorso estaban escritas las fechas de nacimiento y muerte, junto al nombre completo.

—María Isabel Navarro. ¿La conocías? ¿Antes de casarte con mi abuela?

—Déjame pensar… —susurró el abuelo.

—No. No puede ser. Por mucho que corras del pasado, siempre te alcanza. Lo que se esconde, al final sale.

El abuelo parecía haber envejecido de golpe.

—No quiero hablar de esto, pero amo a Elena. Necesito saber qué pasó entre tú y su abuela. ¿Me lo contarás o lo guardarás comoEl abuelo respiró hondo y, con voz temblorosa, terminó la historia diciendo: **”Ella fue mi gran amor de juventud, pero la vida nos separó, y ahora el destino ha unido a nuestros nietos, así que quién soy yo para interferir en lo que el corazón quiere.”**

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MagistrUm
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