Por la mañana, a Miguel Serrano le ha empeorado el estado. Le cuesta respirar.
Nicolás, no quiero nada. Ninguna de vuestras medicinas, nada. Solo te pido, déjame despedirme de Amigo. Por favor. Desconéctame de todo esto
Señaló las vías de suero.
No puedo irme así. ¿Lo entiendes? No puedo
Una lágrima resbala por su mejilla. Nicolás entiende que, si lo desconecta todo, quizá Miguel no llegue ni a la puerta.
A ellos se han acercado todos los hombres de la habitación.
Nicolás, ¿de verdad no se puede hacer nada? No puede irse así
Lo sé pero esto es un hospital, todo estéril.
Nos da igual Mira, el hombre no puede marcharse tranquilo.
Lo entiende perfectamente. Pero, ¿qué puede hacer? Nicolás se pone en pie. Todo lo puede. A la porra la discusión, a la porra la empresa de su padre. Que le echen si quieren. De pronto, se gira bruscamente y se encuentra con la mirada de Alicia. En sus ojos destella admiración.
Nicolás sale disparado al exterior.
Amigo, te lo pido, en silencio. Con suerte, nadie nos verá. Vamos, ven a ver a tu dueño.
Ya había abierto la puerta cuando una figura se cruza en su camino. Es Emma Eduardo, la jefa.
¿Pero qué es esto?
Emma Eduardo Se lo ruego, por favor. Cinco minutos. Deje que se despidan. Lo entiendo todo. Puede despedirme después.
Ella guarda silencio un instante. Nadie sabe qué pasa por su cabeza, pero de repente se aparta.
Vale. Que me echen también a mí si quieren.
¡Amigo, ven conmigo!
Nicolás corre por el pasillo del hospital, Amigo a su lado. Desde adelante, Alicia abre la puerta. El perro, como si supiera lo que ocurre, se planta en dos brincos frente a la habitación otro salto y Amigo ya se apoya con las patas delanteras sobre la cama de Miguel Serrano. El ambiente es de un silencio absoluto. Miguel abre los ojos. Intenta levantar la mano, pero las vías molestan. Entonces, se arranca las agujas con la otra mano.
¡Amigo! Has venido
El perro apoya la cabeza en el pecho de Miguel Serrano. Este acaricia a Amigo. Una vez, otra Sonríe. La sonrisa se le queda congelada en los labios. La mano cae. Alguien murmura:
El perro está llorando
Nicolás se acerca a la cama. En efecto, Amigo está llorando.
Ya está. Vamos Vámonos
***
Nicolás se sienta en una valla, mientras Amigo se tumba entre unos arbustos. Se acerca uno de los hombres de la habitación, aquel que le había dado sus albóndigas la primera vez. Le tiende una cajetilla de tabaco. Nicolás lo mira, quiere rehusar, pero al final acepta y enciende un cigarro.
A su lado se sienta Alicia. Los ojos rojos, la nariz hinchada.
Alicia Hoy es mi último día.
¿Por qué?
Al principio vine castigado, luego para demostrarle a mi padre que puedo con todo Él iba a darme la empresa. Pero no va de la empresa. No puedo más. Me vuelvo a casa. Le diré claramente: “tu hijo es un inútil”. Perdóname, Alicia
Nicolás se marcha. Entrega la carta de renuncia, recoge sus cosas. Alicia observa por la ventana cómo llega a la puerta en su Mercedes, baja, abre la puerta del copiloto y va a los arbustos. Le dice algo a Amigo, después camina hacia el coche, se apoya en él y espera. El perro, al cabo de cinco minutos, va hasta Nicolás, le mira fijamente, y se sube al coche.
Alicia vuelve a llorar.
¡No eres un inútil! ¡Eres el mejor!
***
Pasados un par de días, Alicia ve andando con el director a un hombre que le recuerda mucho a Nicolás. Baja corriendo las escaleras y sale a la calle.
¿Es usted el padre de Nicolás?
El director la mira sorprendido.
Alicia, ¿qué sucede?
Espere, don Sergio, despídame después. ¿Es usted?
Vadim Olmedo también observa atónito a la pequeña chica pecosa.
Sí, soy yo.
¡No se atreva! ¿Me oye? ¡No se le ocurra pensar que Nicolás no vale nada! Es el mejor. El único que tuvo valor para dejar que un hombre se despidiera de su amigo antes de morir. ¡Nicolás sí que tiene corazón y alma!
Alicia se da la vuelta y entra en el edificio. Vadim Olmedo sonríe.
¿Has visto qué carácter?
Don Sergio le responde:
¿Y qué hacemos con ella? Buena chica, pero siempre quiere la verdad.
¿Eso es malo?
No siempre es lo mejor
***
Han pasado tres años.
De una bonita casa sale una familia entera. Nicolás empuja un carrito de bebé y, al lado de Alicia, camina un enorme y lustroso perro con correa. Llegan hasta el río, y Alicia suelta al perro.
¡Amigo, no te alejes mucho!
El perro da grandes brincos hacia el río. A los dos minutos, el bebé en el carro empieza a protestar. Amigo vuelve corriendo a su lado.
Alicia se ríe.
Nicolás, creo que no vamos a necesitar niñera. ¿Por qué vienes tan rápido? Sonia solo ha perdido el chupete.
El bebé se duerme otra vez, Amigo observa la cuna y, asegurándose de que todo está bien, persigue nuevamente una mariposa.
