En un pequeño hoyo en la nieve junto a la carretera, han sido abandonados unos cachorros recién nacidos. Apenas les quedaban unas horas de vida.

Tía, no sabes la historia que he visto hoy y que me ha tocado el alma. Imagínate que junto a una carretera cerca de Segovia, en una hondonada de nieve, alguien había dejado abandonados unos cachorritos recién nacidos. Les quedaban apenas unas horas de vida, pobrecitos.

Los perritos, tan chiquitines, se apiñaban unos contra otros, intentando darse calor para aguantar el frío. Esta mañana la noticia corría como la pólvora por grupos y redes: varios bebés de perro, tirados a su suerte en plena nieve junto a la autovía.

Eran bolitas minúsculas, todas pegaditas, buscando conservar el calor aunque fuese un rato más. Y eso que parece que la primavera quiere llegar, pero el invierno aquí es cabezón y no suelta. En la ciudad rondaba los 7°, y allí fuera, donde el viento pega sin piedad, el termómetro bajaba de los 10°. ¿Cuánto habrían podido resistir esos pequeñines en esa especie de nido helado?

La hondonada en la nieve tendría unos veinte centímetros de profundidad; bajo sus cuerpecitos el hielo se había derretido: llevaban ahí lo suyo, luchando por no congelarse a base de calor entre ellos. Por suerte, el destino cambió para ellos. El dueño del taller que hay al lado, un hombre llamado Antonio, vio lo que pasaba y no se quedó de brazos cruzados: los metió para dentro, al taller. Estaba medio desconcertado y sin saber bien qué hacer, pero eso sí: no los dejó morir de frío. Antonio, de corazón, ¡qué grande eres!

Son tan, tan pequeños…

Cinco almas luchadoras. Tres machos y dos hembras. O puede que cuatro machos y una hembratodavía no se les puede distinguir bien. Antonio llamó a varias protectoras, pero ninguna podía hacerse cargo. Llevarlos a la perrera ni pensarlo; apenas tendrán unas dos o tres semanas. Ni vacunar se les puede, no se hace hasta los dos meses.

Meter a esos pequeñajos en la perrera sería sentencia casi segura. Se pondrían malos y no lo resistirían, ya nos ha pasado antes y fue un disgusto enorme. En casas de acogida con supervisión veterinaria tampoco se los pudieron quedar, porque estaban convalecientes Maite y Lolo, dos perritos que superaron el parvovirus hace nada.

Esa noche los cachorros durmieron allí, entre herramientas y repuestos, calentitos dentro del taller de coches. Antonio me contó que revisando las cámaras de seguridad, se veía a una mujeraunque llamarla así ahora me cuestaque de madrugada salió, los dejó en la nieve y se fue tan tranquila, como si no fueran nada. Imagínate, sola, de noche, y esos bebés apartados de su madre, expuestos a morirse de frío.

¿Te imaginas lo que sentirían? Desarraigados como si fueran bebés humanos, arrancados y desechados así, sin más. Solo puedo pensar que ese acto lo juzgará Dios.

Nos vamos a dejar la piel para que esos cachorritos encuentren un hogar de verdad, con dueños que los quieran y los cuiden. Se merecen todo el amor del mundo, no solo calor físico sino el cariño de alguien que los trate como merecen.

Si supieras la de gente que ya se ha volcado, ojalá pronto todos tengan familia. Te lo cuento y me dan ganas de abrazarlos a todos.

Rate article
MagistrUm
En un pequeño hoyo en la nieve junto a la carretera, han sido abandonados unos cachorros recién nacidos. Apenas les quedaban unas horas de vida.