Cuando la encontraron, todos le dieron la espalda. Y dos años después, hablan de ella en América y Japón.
Estrella salió al jardín a recoger un poco de perejil para la comida y, de pronto, se quedó inmóvil. Junto al montón de compost, pegados el uno al otro, dos diminutos gatitos maullaban con quejido lastimero. Uno se veía fuerte y peludo y el otro La mujer se agachó y con suma delicadeza cogió en brazos al pequeño y débil cachorro.
Ay, Dios mío, ¿qué te ha pasado, criatura?
Los ojitos del gatito estaban casi cubiertos por legañas y tan juntos que parecía que la naturaleza se había quedado sin espacio entre ellos. Le temblaban las patitas, su pelo estaba enmarañado y hecho nudos. A su lado, la hermana parecía todo lo contrario: rolliza, limpia, armoniosa, una verdadera preciosidad.
Estrella entró en casa en silencio, sacó el botiquín, unas gotas para los ojos y empezó a limpiar la carita del cachorro con un disco de algodón mojado en agua tibia.
Sobrevivirás, tienes que hacerlo.
Las primeras semanas se convirtieron en un ir y venir constante de visitas al veterinario. Alergia a la comida, problemas de coordinación, articulaciones débiles parecía que la lista de diagnósticos no iba a terminar nunca. Llamaron al pequeño Mateo, y él luchaba por vivir, aunque cada día era una batalla.
¡Mira qué gracioso! sonreía Estrella viendo cómo Mateo intentaba lavarse y caía de lado por culpa de sus articulaciones deformes. Mateíto, eres mi milagro.
La hermana se fue en seguida; alguien la adoptó casi de inmediato. Pero Mateo se quedó con Estrella. Y, curiosamente, jamás dudó de su decisión.
Medio año después, ya crecido y más fuerte, Estrella se paró a mirar de verdad su carita por primera vez. Esos ojos inusualmente juntos, antes una rareza, ahora le daban a Mateo la expresión de asombro constante, como si descubriera algo sorprendente a cada momento y no pudiera dejar de maravillarse.
Mateo, ¿sabes que tienes la misma cara que la mía cuando olvido apagar la vitrocerámica? se río Estrella, fotografiándole una vez más.
Su móvil se llenó de imágenes. Mateo tumbado en posturas imposibles en el sofá. Mateo y su aspecto eterno de asombro. Mateo intentando saltar a la ventana y fallando su coordinación jamás mejoró del todo.
Un día vino a verla su amiga Lucía. Al ver a Mateo, casi se atraganta con el café.
Estrella, ¿esto qué es?
Es Mateo, mi gato preferido.
¿Siempre pone esa cara?
Siempre. Como si acabara de enterarse de que el jamón ibérico existe.
Lucía sacó el móvil y empezó a hacer fotos sin parar.
¡Apúntalo al concurso de Cola más larga! Lo hacen esta semana aquí en el barrio.
Estrella encogió los hombros. Es verdad que la cola de Mateo era impresionante, aunque seguramente no tanto para ganar, pero así aprovecharían para dar un paseo y ver otros gatos.
En el concurso, los organizadores examinaron cuidadosamente a Mateo, se dieron miradas y cuchichearon entre ellos. Estrella pensó que simplemente les extrañaba su aspecto.
Oiga le dijo una chica con camiseta del evento, su gato es único. Tiene que mostrarlo en internet. Haga un vídeo y súbalo a las redes.
¿Cree que le interesará a alguien?
Seguro que sí.
En casa, Estrella dudó un rato con el móvil en la mano. Miró a Mateo, que sentado en su postura habitual torcido, con los ojos enormes, como si hubiese visto algo increíble parecía invitarla.
¿Probamos suerte, Mateo?
El primer vídeo consiguió solo trescientas visualizaciones. El segundo, mil quinientas. Y el tercero
El tercer vídeo cambió todo.
¡Estrella, mira esto! entró su marido en la habitación con la tableta, ¡Mateo ya tiene setenta mil seguidores!
Estrella no podía creer lo que veía. Las notificaciones llegaban una tras otra, los comentarios no paraban:
«Lo más adorable que he visto nunca»
«Pone la misma cara que yo los lunes»
«¡Quiero uno igual! ¿Dónde se consigue?»
«Parece que nunca se cree que está en ese cuerpo»
Quedó claro que una sola cuenta no bastaba. Estrella abrió un perfil solo para Mateo y empezó a compartir pequeñas historias: cómo cazaba reflejos de sol y chocaba con la pared, cómo dormía con los ojos medio abiertos porque ni los párpados le funcionaban bien, cómo se sentaba en la ventana con aire de pensador, como intentando descifrar los secretos de la vida.
Cada día sumaba seguidores. Quince mil, veinte, treinta Las cifras se disparaban.
Poco después, le empezaron a llegar mensajes de periodistas. Primero de un periódico local sevillano, luego de uno andaluz, y pronto, de un medio nacional. Y la cosa no acabó ahí.
Cariño, te ha escrito un americano le dijo su marido. ¡Quiere hacerte una entrevista!
Resultó ser de The Mirror, una gran publicación norteamericana, y detrás vinieron otras: una revista alemana, un portal australiano, un periódico japonés.
Mateo, ya eres una estrella internacional sonrió Estrella, rascándole la cabeza. ¡Hablan de ti en Tokio!
Mateo la miró como siempre, con sus ojos de permanente maravilla, y se tumbó panza arriba como si nada tuviera importancia.
Poco después, llegó un equipo de televisión desde Alemania. Estrella estaba nerviosa; temía que Mateo se asustase con las cámaras, que no supiera comportarse. Pero él fue el mismo de siempre: sentado como de costumbre, ojos muy abiertos, intentando saltar y fallando de nuevo.
¡Fantástico! decía el operador. ¡Es totalmente natural!
Al terminar, la directora le estrechó la mano.
Gracias por salvar a este gato. El mundo es un poco mejor gracias a personas como usted.
Estrella los despidió con un nudo en la garganta. ¿De verdad le pasaba esto a ella y al mismo gatito enfermo que recogió junto al compost?
Esa noche, sentada en el sofá, con Mateo plácidamente en su regazo, afuera la lluvia de Madrid golpeaba los cristales y una luz cálida llenaba el salón.
¿Sabes, Mateo? susurró acariciándole. Cuando te recogí, muchos decían que no valía la pena gastar tiempo y euros en un animal enfermo. Ahora escriben de ti en todo el mundo. La gente sonríe viendo tus vídeos, te agradecen por ayudarles en los días tristes. Tu carita les hace reír cuando más lo necesitan.
Mateo ronroneó y la miró como si acabara de entender un misterio del universo.
Eres la prueba de que todo ser vivo merece una oportunidad. Lo que algunos ven como defecto puede convertirse en virtud. El cariño, Mateo, hace milagros.
El móvil volvió a vibrar: esta vez era una entrevista desde Lituania.
Estrella sonrió. Jamás pensó que trataría con periodistas internacionales ni que su gato se haría famoso, ni que la historia del pequeño enfermo encontrado en un jardín madrileño llegaría a tanto. Pero eso no era lo importante. Lo fundamental era que Mateo vivía, feliz a su manera, y había llenado de alegría la vida de miles de personas. Nunca subiría a los árboles con la agilidad de otros gatos, pero traía felicidad con tan solo ser él.
Gracias, Mateo susurró Estrella. Por existir, por tu lucha, por mostrarnos a todos que no hay situaciones sin esperanza. Sólo falta amor y paciencia.
Mateo cerró los ojos, ronroneando. Aún dormido, su carita seguía mostrando ese asombro, como si él mismo no terminara de creer lo lejos que había llegado.
Mientras tanto, lejos de allí, alguien abría la página del raro gato madrileño, miraba sus fotos y entendía una verdad sencilla: la belleza es relativa, pero la bondad lo es todo. Y es la bondad la que puede convertir a un pobre gatito enfermo en una estrella capaz de iluminar la vida de miles de personas.







