Hace unos meses empecé a crear contenido en redes sociales, no porque quiera ser famosa ni porque bu…

Hace unos meses empecé a crear contenido en las redes sociales. No porque quiera ser famosa. No porque busque atención. Simplemente lo hago porque me gusta. Me encanta grabar recetas, compartir detalles de mi día a día con mi hija, pequeños momentos en nuestro hogar. Nada dirigido, nada profesional. Vídeos sencillos: desde la cocina o el salón, mientras hago las tareas cotidianas.

Desde el principio, mi esposo, Javier, empezó a mostrarse incómodo. Al inicio eran comentarios irónicos. ¿Por qué lo hago? ¿Quién me va a ver? ¿Para qué quiero subir vídeos? Siempre le decía que no busco nada, que simplemente me entretiene. Pero él no lo veía igual.

Un día me lo soltó a la cara, sin rodeos: decía que lo hacía para llamar la atención de otros hombres. Que quería gustarles. Que me miraran. Me quedé callada, porque no entendía de dónde salía todo eso. Mis vídeos son solo de comida, la fiambrera de mi hija Lucía, alguna receta que me ha salido bien No salgo en bañador, ni bailo, ni muestro mi cuerpo.

Lo más absurdo es que tengo 99 seguidores. Noventa y nueve. Y la mitad son familia: primos, tías, amigas del colegio. Se lo dije. Le mostré el perfil. Le enseñé los comentarios. Aun así, él insistía en que no era cuestión de números, sino de intención. Que «estoy buscando algo».

Empezaron las discusiones. Cada vez que cogía el móvil para grabar algo, Javier me lanzaba una mirada de desconfianza. Si subía un vídeo, me preguntaba quién lo había visto. Si alguien dejaba un emoji, lo tomaba como un coqueteo. Hubo una vez que incluso me pidió que le enseñara los mensajes privados, aunque no tenía ninguno. Me dijo que eso era faltarle al respeto como esposo.

He llegado al punto de que ya no grabo con tranquilidad. Me pienso dos veces antes de subir cualquier cosa. Me siento vigilada. Algo que empezó como una afición se ha transformado en una fuente constante de tensión. Javier dice que he cambiado, que ya no soy la misma, que «quiero exhibirme». Y yo solo siento que no puedo hacer nada sin que se malinterprete.

A día de hoy subo mucho menos contenido. No es que no me apetezca, es que cada publicación puede significar una nueva discusión.
¿Qué puedo hacer?

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