Tía, es que tengo que contarte lo que ha pasado en mi familia, porque aún estoy en shock. Mira, resulta que mi hermano me llamó para decirme que nuestra madre había agredido a su mujer, y yo, nada más escucharlo, noté enseguida que algo no cuadraba, que olía a chamusquina.
Estábamos de vacaciones, ya ves, y de repente recibí una llamada de mi madre completamente alterada, llorando sin parar y con un nerviosismo que no era ni medio normal. Nada más colgar, le llamé a mi hermano para ver qué narices había pasado, pero él me contestó fatal, casi gritándome que le preguntara yo misma a nuestra madre, que supuestamente ya sabía perfectamente por qué estaba así. Incluso tuvo la cara de decirme que se lo tenía más que merecido. Imagínate el cacao mental que tenía yo. Así que, tras comentarlo con mi marido, decidimos interrumpir el viaje, a pesar de que los billetes de tren Madrid-Sevilla nos costaron un ojo de la cara, y volver corriendo a casa.
En cuanto llegamos a casa, nos encontramos a mi madre aún hecha polvo, que no era capaz de tranquilizarse. Le di unas gotitas de valeriana que siempre tengo por si acaso, y poco a poco se calmó lo suficiente como para poder contarnos lo que había pasado. Resulta que, al llegar de trabajar, se encontró a la mujer de mi hermano, Marta, llene de moratones; y teniendo en cuenta que estaba embarazada, pues imagínate cómo se puso mi madre de preocupada. Se le acercó rápidamente, la abrazó y le preguntó qué había ocurrido. Justo en ese momento mi hermano llegó a casa, y de repente Marta se levantó, empezó a gritar y acusó a mi madre de haberla maltratado.
Mi madre no podía creerse lo que estaba oyendo, se quedó plantada en medio del salón sin saber qué decir ni hacer. Mi hermano, por desgracia, le creyó a su mujer y ni corto ni perezoso, echó a nuestra madre de casa sin dudarlo ni un momento. Llevaron a Marta al hospital y, tristemente, perdió al bebé. Desde ese día, mi hermano no nos dirigía la palabra y guardaba un rencor horrendo a nuestra madre, sin querer escuchar explicaciones ni intentar aclarar la situación. Pero te juro que yo, en mi interior, sabía perfectamente que mi madre no haría algo así; aposté siempre por su versión.
Al final, lo que es la vida, el secreto salió a la luz de la forma más inesperada. Fue una amiga de Marta, una chica muy maja y de confianza, quien me acabó contando la verdadera historia: por lo visto, Marta había planeado todo para manipular a mi hermano y conseguir que echara a nuestra madre de casa. Ella misma había provocado el aborto de manera intencionada.
Cuando mi hermano descubrió la verdad, la rabia que sintió fue tremenda. Echó a Marta de casa al instante y, por supuesto, se disculpó con mi madre de corazón. Y como solo sabe hacer el corazón de una madre, la abuela Rosario le recibió de nuevo con los brazos abiertos, perdonándole sin rencor, porque en el fondo las madres siempre quieren lo mejor para sus hijos aunque pasen por tormentas como esta.
De verdad, cada familia es un mundo, pero madre solo hay una, y la nuestra ha demostrado tener un corazón enorme.




