Vivo con un hombre que afirma que el dinero es “energía de baja vibración”. Llevamos juntos casi do…

Mira, te voy a contar una historia que llevo arrastrando desde hace casi dos años y estoy que exploto, ¡te lo juro! Vivo con un chico, Javier Morales, que últimamente se ha metido en la cabeza que el dinero es energía de baja vibración. Hasta hace tres meses todo era más o menos normal: él curraba, compartía los gastos, se levantaba temprano vamos, lo de siempre. Pero de repente, un día llegó a casa diciendo que había tenido un despertar espiritual y que su trabajo ya no le llenaba, que no estaba en línea con su misión. Y al poco, zas, dejó el curro.

Al principio le apoyé, porque bueno, me decía que necesitaba tiempo para encontrarse, que estaba harto del sistema y que quería vivir de una manera más consciente. Yo seguí con mi ritmo habitual, levantándome temprano, corriendo de aquí para allá, y llegando a casa molida. Él se quedaba en el piso en Madrid: meditaba, veía vídeos de crecimiento personal, encendía incienso según él, estaba sanándose.

Pero pasa el tiempo y ni un duro para el alquiler. Cuando se lo mencioné, me soltó que no me preocupara, que el universo siempre provee. El “universo”, amiga, resulta que era yo Así que empecé a pagar yo sola la comida, la luz, el agua, el internet todo. Él tan fresco, comiendo, usando la casa, la energía, y asegurando que no cree en facturas porque eso es vivir desde el miedo.

Un día llegué agotada del trabajo y lo encuentro tumbado, escuchando un podcast sobre la abundancia. Le digo que, en serio, tenemos que hablar de dinero. Me responde que estoy en modo escasez, que mi estrés atrae mala energía, y que tengo que soltar el control. Me encendí. Le expliqué que no es control, es responsabilidad. Me miró con pena y me soltó que yo aún no me he “despertado”.

Me prometió que pronto se ganaría la vida con sus conocimientos, dando sesiones, asesorías lo que fuera. Pero los días pasaban y nada de nada. Lo único que cambió es que empezó a corregirme todo: cómo hablo, cómo pienso, cómo reacciono. Si decía que estaba cansada, era porque vibraba bajo. Si llegaba de mal humor, decía que tenía un bloqueo emocional.

Hubo un día, especialmente duro, que me chocó mucho. Volvía de hacer la compra en Mercadona; llego cargada con las bolsas, las dejo en la mesa y le pido ayuda para guardarlas. Me responde que está en meditación profunda y que no puede romper su energía ahora. Me quedé callada, y mientras recogía yo sola, pensé: Mira, no tengo pareja, tengo a un adulto que ha decidido no responsabilizarse de su vida.

Hace poco volví a pedirle que buscara un trabajo, el que fuera. Me contestó que no va a someterse otra vez a algo que le hace enfermar solo para pagar facturas. Que yo debería comprender y apoyar como pareja consciente. Le dije que una cosa es apoyar, y otra muy distinta, mantener a una persona que ni lo intenta. Se enfadó y me acusó de no creer en él.

Así que aquí estoy: sigo currando, pagando todo, y preguntándome en qué momento pasé de tener novio a ser la mecenas de un retiro espiritual en mi propia casa. Ya no sé si soy su pareja o su patrocinadora esotérica. Solo sé que estoy agotada y que, por mucho Palo Santo que encienda, las facturas en euros no se pagan solas.

¿Tú qué harías en mi lugar?

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