Mi padrastro me echa de la casa de mis padres. Lo más frustrante es que mi propia madre está de su parte.

Tengo 21 años. Hace cinco años, mi madre trajo a casa a su segundo marido. No me cayó bien desde el primer instante. Trabajaba como conserje. Se plantó en la puerta de nuestro piso en Salamanca con dos maletas, y desde el principio empezó a darme órdenes y a levantarme la voz. Un tipo repulsivo. No entiendo qué le vio mi madre. Cobra un sueldo miserable y todavía paga la pensión alimenticia a su exmujer. Nunca logré llevarme bien con él. Al principio callaba. Pero después, las discusiones empezaron a ser continuas. Cuando terminé el bachillerato, entré en la Facultad de Medicina en la Universidad de Salamanca, con una plaza financiada.

Desde niña, soñaba con ser médica. Estoy esforzándome al máximo, aunque la carrera de medicina es tremendamente exigente. Incluso conseguí una beca. Hace seis meses, ese hombre comenzó a reprocharme que vivía a su costa, diciéndome: Eres adulta, pero vives del cuello de tu madre, no deberíamos mantenerte nosotros, te damos de comer, te vestimos, te compramos zapatos; para que lo sepas, yo ya trabajaba con tu edad. Según él, debería buscar trabajo y ayudar en casa, porque el dinero escasea. Y lo peor es que mi madre le da la razón, justificando que lo hace para educarme y encaminarme bien.

Un día, mi madre me dijo: Podrías buscarte un trabajo de media jornada, nos cuesta mucho mantenerte, no somos de piedra. Hace dos noches, ese hombre soltó que los hijos mayores deberían independizarse y vivir por su cuenta. Me quedé helada y miré a mi madre. Ella guardó silencio, así que estaba claro que estaba de acuerdo.

Me encerré en mi habitación. Al día siguiente, mi madre quiso hablar sobre lo sucedido: Esto es muy difícil para mí, siento que tengo que escoger entre los dos. No paramos de discutir, montas escándalos y nunca cierras la boca. Yo quiero vivir tranquila. Él tiene razón, ya eres mayor y deberías hacer tu vida fuera de aquí. Tienes un mes para buscar dónde vivir y marcharte. Sentí que se me rompía el alma. Jamás imaginé que mi madre optaría por echarme de casa. No se lo perdonaré nunca.

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MagistrUm
Mi padrastro me echa de la casa de mis padres. Lo más frustrante es que mi propia madre está de su parte.