Nunca conseguí llevarme bien con mi suegra.
Al principio intentamos vivir todos juntos, pero sólo aguantamos un mes.
Con mi suegro me llevaba bastante bien, enseguida encontramos puntos en común. Sin embargo, con su esposa todo era mucho más complicado. Desde el primer momento supe que no le caía bien.
Has cogido la cazuela equivocada me reprochaba a gritos. Así no se cuecen las patatas…
Y esos comentarios no paraban en ningún momento.
Al final, nos mudamos a un piso de alquiler y allí descubrí que estaba embarazada. Mi suegro le puso las cosas claras a la suegra, pidiéndole que no me amargara la vida por el bien de su futura nieta.
Vaya carácter tiene esa mujer decía mi suegro, de joven ya era así, pero de mayor se le ha ido la cabeza del todo. Me casé con ella porque me esperó de la mili, y luego pues ya me acostumbré.
Es cierto que, durante el embarazo, la suegra se volvió mucho más discreta. Pero en cuanto nació mi hija, volvieron los problemas. Nuestra pequeña nació cinco semanas antes de tiempo, aunque por suerte esa circunstancia no afectó a su salud.
Esa niña no es tuya le soltó la suegra a mi esposa.
¿Eres tonto o qué? ¿No ves por qué se adelantó el parto? Esa niña no es de la familia.
Por suerte, mi mujer me defendió y siempre estuvo de mi lado en estas discusiones. De hecho, la última vez incluso terminó echando a su madre de casa.
Así fue como la suegra no llegó a conocer a su nieta y se negó a reconciliarse. El suegro, en cambio, seguía viniendo a visitarnos con regalos, aunque luego recibía bronca en casa por ello.
No sé qué programas vería el hombre en la tele pero, cuando la niña cumplió tres años, la llevó de paseo y aprovechó para hacerle una prueba de ADN. Decidió darle una lección a la suegra.
¿No está mi hijo en casa? dijo mi suegro desde la puerta, desconcertado. Casi mejor así. He recogido los resultados de la prueba de ADN. Resulta que mi mujer tenía razón. ¿De quién es la niña? ¡No es nuestra!
Yo me quedé de piedra, no tenía ni idea de que hubieran hecho ninguna prueba y estaba convencido de que la niña era hija de mi mujer.
Después, mi esposa y yo nos hicimos nosotros mismos las pruebas y confirmaron mi paternidad. Resultó que, en realidad, mi suegro no era abuelo de su propia hija.
Así que eso era lo de esperarme a la vuelta de la mili se lamentaba el hombre, muy afectado.
Acabaron divorciándose de mayores, aunque la suegra le suplicó el perdón durante mucho tiempo.
Antes de juzgar a los demás, deberíamos mirar en nuestro interior.
¿Tú qué opinas sobre todo esto?





