Mamá, tienes que asumirlo: no queremos tener hijos.

Querido diario:
Hoy vuelvo a pensar en esos años difíciles tras el nacimiento de mi hija. Recuerdo perfectamente aquel parto complicado; los médicos me dijeron claramente que no podría volver a quedarme embarazada. Aquel día, al confesarlo a Antonio, sentí la atmósfera congelarse en casa. Su actitud cambió por completo, se volvió distante, casi como un extraño. Así pasaron seis largos meses. Después supe que Antonio no sólo tenía una aventura, sino que además su amante esperaba gemelos. Sin dudar, me dejó sola con nuestra pequeña hija, y se marchó con su nueva familia. Fue un golpe durísimo; de repente me vi criando sola a mi niña aquí, en Madrid.

A pesar de todo, intenté que a Lucía no le faltara nada. Desde que era muy pequeña la apunté a diferentes actividades: pintura, música, danza… Lucía siempre fue una niña despierta y muy curiosa. Le fascinaba jugar con muñecas, las sentaba en círculo y fingía ser su profesora, enseñándoles cosas nuevas cada día. Aquello me llenaba de alegría: adoraba ver cómo su imaginación volaba.

En el colegio, Lucía se integró perfectamente con sus compañeros; incluso llegó a ser la líder de la clase. Con el tiempo empezó a salir con un chico, un tal Jaime, aunque yo siempre le noté algo peculiar. Lo único que hacían juntos era ir a festivales y a toda clase de eventos juveniles. Lucía había aprendido a tocar la batería y Jaime tocaba la guitarra; pronto formaron un grupo musical y empezaron a tener cierto éxito por los locales de la ciudad. Vivían la vida a su aire, disfrutando sin preocupaciones.

Pero los años pasaban, y mi preocupación crecía. Soñaba con ver a Lucía sentar cabeza; no podía evitar pensar en la posibilidad de tener nietos. Lucía ya había cumplido veintinueve años.

Un día no resistí más y le dije:
Hija, ya va siendo hora de que consideres tener un hijo.
Mamá, ¿quieres acaso que acabe como la tía Merche? me respondió ella medio riéndose. Tuvo cuatro niños y su vida gira sólo en torno a ellos. ¿De verdad eso es vivir? Se pasa los días en casa, cocinando, limpiando y jugando con los críos.
Pero, hija, no hace falta que seas como Mérche. Con uno tienes de sobra, y ya está.
Ay, mamá Tienes que asumirlo: no queremos tener hijos. Y si algún día cambiamos de idea, adoptaremos uno de un centro de acogida.
Pero, cariño, no hay nada como tener un hijo propio. Piénsalo con calma.
Mamá, no quiero hablar más del tema.

Por fin, después de tanta insistencia, Lucía decidió explicarme la verdad. Quizás, con el tiempo, las cosas cambien, pero por ahora debo aceptar su decisión y sentirme orgullosa de la mujer tan valiente y libre que es.

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MagistrUm
Mamá, tienes que asumirlo: no queremos tener hijos.