Hoy quiero compartir con vosotros mi historia: Me convertí en madre siendo muy joven, por un error y por falta de apoyo

Hoy quiero compartir mi historia. Me convertí en madre muy joven, por un error y por falta de apoyo. Ahora mi hija tiene tres años y, aunque no resulta sencillo encontrar oportunidades, he aprendido a salir adelante. Hay días en los que todo se me hace cuesta arriba, porque soy la única responsable de su bienestar. Su padre ha sido completamente irresponsable.

Escribo esto con la mente llena de pensamientos y preocupaciones, porque últimamente siento que todo se complica aún más y no sé cómo seguir. Estoy emocionalmente exhausta. A veces pierdo la motivación, pero tengo una razón para seguir adelante: mi hija. Quiero darle el cariño que yo nunca recibí de mis padres.

Mi padre me abandonó nada más nacer. Mi madre nunca me mostró afecto, al menos no de una forma que yo recuerde. Siempre anteponía a sus parejas y a los hijos de sus parejas. Si necesitaba ropa o zapatos, debía apañármelas yo misma, porque pedirle ayuda no era una opción. Decía que no tenía dinero, pero siempre encontraba para los cumpleaños de los hijos de sus parejas. Cuando llegaba mi cumpleaños, a menudo ni siquiera se acordaba.

La veía darles lo mejor a ellos, mientras yo guardaba silencio, porque si decía algo, me llamaban desagradecida. Recuerdo cuando mis zapatos del colegio se rompieron, ya llevaba dos años con ellos puestos. Los pegaba como podía, para que no se notase que estaban rotos. Mi madre lo vio, pero no dijo nada. Solo tres días después compró unos zapatos nuevos para la hija de su pareja, porque no le gustaban los que tenía.

Pasé muchas noches llorando, preguntándome por qué mi madre no me quería a mí, sino a ellos. Un día comprendí que me veía como una carga, y decidí marcharme. No le importó. Ni siquiera me buscó. Seguí adelante sola, fue duro y lleno de carencias, pero no me rendí.

Cuatro o cinco años después, supe que el hombre con el que estaba la había dejado por una mujer más joven, y que los hijos de él se habían ido a vivir con su madre biológica. Se quedó sola. Sentí pena por ella, pero no sabía qué podía hacer por ella.

A veces pienso en buscarla y preguntarle cómo está. Pero me da miedo que siga viéndome con el mismo rechazo de antes. Quizá sea mejor seguir así, sin saber la una de la otra. ¿Vosotros qué me aconsejáis?

Rate article
MagistrUm
Hoy quiero compartir con vosotros mi historia: Me convertí en madre siendo muy joven, por un error y por falta de apoyo