Hace dos años mi madre, que ahora tiene 89, se vino a vivir conmigo y, desde entonces, nuestra casa …

Me llamo Alba y mi madre tiene ya 89 años. Hace dos años se vino a vivir conmigo, y desde entonces nuestra casa late al compás tranquilo pero meticuloso de su vida. Cada mañana, sobre las siete y media, la oigo levantarse con delicadeza, susurrándole palabras cariñosas a nuestro gato anciano, Blas, que tiene ya 23 años. Lo cuida y alimenta como si fuera un niño pequeño, con toda la paciencia y dulzura del mundo.

Después, mi madre se prepara el desayuno, sale a la terraza con una taza de café y disfruta del lento despertar del día. Cuando se despeja del todo, coge la fregona para no oxidarse, dice siempre y limpia los suelos de toda la casa, que tiene casi 240 metros cuadrados. Si está de buen humor, se mete en la cocina y deja todo impecable, cocina algo rico o hace algunas sencillas rutinas de ejercicio.

Tras la comida llega su rato para ella: se cuida la piel, el pelo y realiza pequeños rituales de belleza que varían cada día. A veces rebusca en su enorme armario, clasificando la ropa: alguna para mí, otra para donar, y otra que decide poner a la venta en Wallapop. Siempre le bromeo:

Mamá, podrías haber invertido todo eso y ahora viviríamos en un palacete en Salamanca.

Ella responde riéndose:

Ay, hija, que a mí mis cosas me hacen feliz. Total, algún día serán tuyas; ya sabes que tu hermana no tiene gusto para esto.

Por placer, caminamos casi cada tarde por los senderos junto al lago de la Casa de Campo, unos cinco kilómetros cada vez. Una vez al mes se ve con sus amigas, a las que adora. Es una apasionada de los libros y, poco a poco, va devorando toda mi biblioteca. Todos los días llama por teléfono a su hermana mayor, Lucía, que tiene ya 91 años y suele venirnos a visitar dos veces al año.

Aparte de Blas, su pasión es la tableta digital que le regalé por Navidad. Lee sobre sus escritores y compositores favoritos, escucha programas alternativos, ve ballets, óperas y conciertos. A menudo, ya de madrugada, escucho desde su habitación:

Debería estar dormida ¡pero alguien ha puesto a Plácido Domingo en YouTube!

Ella y su hermana han sido tocadas por la varita genética. Conservo una foto hecha hace dos años, cuando mi madre viajó sola en avión, vestida con especial esmero para la ocasión.

Salgo fatal en esta foto me dijo.

Siempre le respondo igual:

Mamá, la mayoría de la gente de tu edad ya no puede ni soñar con tener esa vitalidad y esa presencia.

Compartir mi vida con ella me ha hecho darme cuenta de que quiero parecerme a ella Es una mujer que me inspira a seguir adelante y a valorar cada día como un regalo.

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