Mi hermano se fue de vacaciones y me pidió que cuidara de nuestra madre. Jamás habría imaginado que me costaría tanto

Una vez mi hermano me llamó para decirme que él y su familia se iban de vacaciones. Como no quería dejar sola a nuestra madre, me pidió que la llevara a mi casa. No tuve inconveniente, ya que mi hermano y su familia habían cuidado de mi madre mucho tiempo. Mi madre siempre ha tenido un carácter complicado y siempre ha sabido cómo montar un drama de la nada.
En mi casa solo había una cama, así que cedí y decidí dormir en el suelo para que mi madre estuviera más cómoda. Al principio, todo iba bien. Pero cuando llegó la hora de dormir, mi madre empezó a quejarse, diciendo que la cama no era cómoda y que sentía que algo le pinchaba en la espalda. El caso es que la cama era prácticamente nueva, así que no entendía qué podía molestarle tanto. Tuve que buscarle un edredón extra para ver si así descansaba mejor. Esperaba que al menos eso la ayudara a estar un poco más cómoda, pero no hubo manera: siguió sin dejar de inquietarse.
A la mañana siguiente me desperté, me preparé un café y comencé a alistarme para ir al trabajo. Antes de salir por la puerta, mi madre me preguntó:
¿A dónde vas? ¿Quién me va a poner la inyección?
Me quedé sorprendido porque nadie me había dicho nada sobre inyecciones. Llamé a mi hermano y me aseguró que mi madre sabía perfectamente cómo ponérselas ella sola. Así que salí de casa tranquilo, aunque ya llevaba hora y media de retraso.
Por la tarde, al volver, encontré a mi madre tumbada y respirando con dificultad. Me costó bastante incorporarla. Resultó que había comido un montón de cosas que tenía prohibidas y, claro, se encontraba fatal.
No te importo nada, por eso me pongo así. ¿Es que quieres que me muera? me soltó mi madre.
No puedo dejar el trabajo para dedicarme a cuidarte, mamá.
Mi madre aún puede valerse por sí misma. Hace unos años, mi hermano vendió el piso de mi madre y compró uno de tres habitaciones para su familia. Por eso se llevó a mi madre a vivir con ellos. Sinceramente, no sé ya cómo lidiar con los caprichos de mi madre. Se comporta fatal, como si fuera una niña pequeña. Pero a diferencia de un niño, los berrinches de mi madre no tienen nada de gracioso ni me hacen ilusión. Es difícil convivir con ella.

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Mi hermano se fue de vacaciones y me pidió que cuidara de nuestra madre. Jamás habría imaginado que me costaría tanto