Un Amor Inagotable: La historia de Pablo, su matrimonio por amor celestial, el fluir de sus pasiones…

AMOR INAGOTABLE

Pablo, en otros tiempos, se casó llevado por el acuerdo familiar y un amor celestial. Sin embargo, con los años, el amor primero como un hilillo, luego como un riachuelo fue escapándose de la vida matrimonial de Pablo. Ni siquiera el nacimiento de su hija pudo detener esa corriente; más bien, se transformó en un río caudaloso. El afecto de Pablo se desgranó en flechazos pasajeros, devaneos fugaces y enamoramientos tan frecuentes como las fiestas de pueblo.

Pablo no podía, ni quería, ser hombre de una sola mujer. Conquistaba a las españolas con su atractivo descarado, su desparpajo tan castizo y sabe Dios qué más Pablo regalaba generosamente su amor inagotable: delgada, rellenita, rubia, morena, risueña o pensativa, casada o en busca de su media naranja. Todas recibían el mismo trato, y las mujeres, para qué negarlo, respondían con el mismo entusiasmo.

Su esposa, Almudena, parecía no enterarse de nada. Al menos, jamás hubo reproches ni escenas propias de un culebrón. Y por supuesto, Pablo no descuidaba las atenciones masculinas hacia Almudena.

Pero un día, fue una tal Jimena la que logró interrumpir aquel torrente de amor desbocado. Lo dejó embobado con su inteligencia y belleza. Y con ella, y solo con ella (sin contar a la esposa, claro), Pablo dedicaba cada instante posible. Jimena tenía marido, aunque practicaba el divorcio como deporte. Para ella, Pablo era aire fresco Tres años duró ese idilio.

Recordemos que la hija de Pablo, Inés, acababa de terminar el bachillerato y se fue a Estados Unidos por un programa de intercambio estudiantil. No volvió a su Segovia natal; se casó con un americano en Los Ángeles, tuvo tres hijos y estaba siempre hasta arriba de faena. Llamó a sus padres en busca de ayuda. El marido de Inés tenía solo a su padre (Michael), ya que su madre había fallecido.

Pablo y Almudena volaron a Los Ángeles para ejercer de abuelos niñeros. Dos años aguantaron el tipo. Pero al poco, Pablo anunció que regresaba a Segovia. Almudena, desconcertada, no encontraba el motivo. Pablo, sin más explicaciones, se largó. Al pisar tierra patria, fue directo a ver a Jimena.

Venga, acógeme, ¡que sin ti no soy nadie! Dime una palabra y me quedo, me tienes embrujado, Jimenita

Pablito, ¿te has olvidado de que estoy casada? Encantada de verte, pero hasta ahí llego

Ese portazo emocionado dejó a Pablo sin palabras. Perdida la batalla, volvió al calor de la familia a Los Ángeles. Pero ahí le aguardaba una «sorpresa» de Almudena.

Pablito, Michael y yo hemos decidido unir nuestros caminos. No creo que puedas reprocharme nada, ¿verdad? Y quien mucho abarca Mejor así, críaremos a los nietos sin ti. Y la verdad, ¿qué puedes tú enseñarles? le soltó Almudena, con sonrisa de medio lado.

¿Lo sabías todo? preguntó Pablo, alarmado.

Hombre, siempre hay «almas caritativas» dispuestas a contármelo respondió ella, entre divertida y triunfal.

Pablo regresó a su casa segoviana. Y otra vez, a la puerta de Jimena.

Jimenita, ¿todavía no te has repensado las cosas? ¿Y si nos juntamos?

¡No, Pablo! No me voy a quedar en casa mientras tú das saltitos por América. Además, ¿sabes quién fue mi mejor apoyo? Te soplo: mi propio marido. Esto se acabó.

Convertido en marido y amante rechazado, Pablo volvió a su piso y se encerró tres días sin salir ni a echar la basura.

De repente, tocan a la puerta. En el umbral espera una joven.

¡Buenas tardes, don Pablo! ¿No me reconoce? Soy amiga de su hija, ¿qué tal va Inés? dijo la desconocida, colorada de los nervios.

Bien, bien ¿Eres Macarena? Sí, ya me acuerdo contestó Pablo, bostezando.

Don Pablo, ¿le queda sal? Total, ¡somos vecinos! se atrevió a decirle la joven.

Pablo se la quedó mirando. Simpática y guapa, para qué mentir.

Anda, pasa, Macarena. Ahora mismo hacemos un té empezó Pablo a revolverse de actividad.

Ay, Pablo, ¡de pequeña ya me tenía loca! Para mí, usted es el hombre perfecto. Eso sí, me casé de por medio pero usted, siempre tan ocupado. Yo soy terca, ¿eh? He esperado mi oportunidad ¡Y aquí estoy!

Pablo, 56 años; Macarena, 33.

Y la joven pareja espera un bebé.

Rate article
MagistrUm
Un Amor Inagotable: La historia de Pablo, su matrimonio por amor celestial, el fluir de sus pasiones…