Cuando ella servía algo de la olla, yo saqué de mi bolsa pañuelos antibacterianos y comencé a limpiar los tenedores. Ella lo notó.

Cuando mi tía Isabel estaba sirviendo algo del guiso, saqué de la bolsa unas toallitas antibacteriales y empecé a pasar los tenedores. Ella se dio cuenta al instante.

Hace unas semanas me acerqué a la casa de la tía en el barrio de Salamanca, en Madrid, para entregarle unos documentos que necesitaba urgentemente. Sólo nos veíamos en Navidad y en Semana Santa, pero esta vez surgió un imprevisto. La tía no se encontraba bien de salud, aunque no tenía nada que ver con su situación económica. Yo no soy tacaño; creo firmemente que la limpieza y el orden son la base de cualquier hogar. Se puede vivir modestamente, pero hay que mantener la casa en condiciones decentes.

En la pared cuelgan un sinfín de cazafuertes de polvo. Figuras de cerámica, juegos de té y frascos de conservas están apilados en montones de decenas. En el baño hay un arenero para su gato, que ella limpia apenas una vez a la semana. La basura se amontona bajo los pies y el apartamento huele a desagüe y a comida podrida.

Mi tía me ofreció algo de comer y empezó a poner la mesa. Mientras colocaba los platos, noté que estaban sucios. Cuando ella servía del cazo, yo saqué las toallitas antibacteriales y limpié los tenedores.

Al percatarse, mi tía me preguntó:
¿No tienes hambre o no te gusta?

¿Qué podía responderle? ¿Os ha ocurrido algo parecido alguna vez?

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MagistrUm
Cuando ella servía algo de la olla, yo saqué de mi bolsa pañuelos antibacterianos y comencé a limpiar los tenedores. Ella lo notó.