**Diario Personal**
Durante casi ocho años, alquilé un piso a una pareja de fuera: un chico y una chica. Él trabajaba en un taller mecánico y ella era dependienta en una tienda. El dinero del alquiler cubría los gastos de la comunidad de mi piso, los del suyo y aún me quedaba algo para la gasolina. Con ellos siempre mantuve una relación cordial, sin quejas en todos esos años.
Pero el año pasado, recibí una llamada de la chica, llorando. Me contó que le habían detectado un tumor en el pecho, que le costó mucho conseguir una cita con el médico y que, después de meses de pruebas, le diagnosticaron cáncer en tercera etapa. Cuando el novio se enteró, la abandonó. No tenía a nadie más; sus amigos, aunque cercanos, no tenían recursos para ayudarla. No podía pagar el alquiler porque él era quien llevaba el sueldo a casa, y sola no podía asumirlo. Me pidió dos semanas para irse, pensando en volver a su pueblo, donde había un hospital.
Pero yo sabía que, si se iba, no tendría las mismas oportunidades. Aquí, en Madrid, la sanidad es mejor. Así que le dije que se quedara sin pagar el alquiler durante el tratamiento. Si podía aportar algo para los gastos, bien; si no, no pasaba nada, yo lo asumiría. Se emocionó tanto que no paraba de llorar. Su madre vino del pueblo para cuidarla después de la operación. Todo salió bien: superó la cirugía, la quimioterapia y entró en remisión.
Mientras estuvieron en el piso, siempre intentaron pagar algo, aunque fuera poco. Decían que no podían aceptar vivir del todo gratis. Pero lo que más me dolió fueron los comentarios de quienes supieron la historia. Mis compañeros de trabajo, incluso algunos amigos ¡Hasta mi madre me dijo que era una tonta por perder dinero y no alquilar el piso a otro! ¿De verdad la gente se ha vuelto tan egoísta que no puede entender el golpe que la vida le dio a esta chica?
El novio nunca volvió. Encima, le dijo cosas horribles: que con un solo pecho sería una monstruosidad. Ella es guapa, pero esas palabras qué crueldad. Por suerte, ahora está bien, sana, bajo seguimiento médico y con buen pronóstico. Siguió trabajando, alquilando mi piso, y luego conoció a otro chico. ¡Este verano se casa! Me alegro muchísimo de verdad; nos hicimos amigas en este proceso y seré una invitada especial en su boda. Para otoño, planean pedir una hipoteca e irse a su propio hogar.
No me arruiné durante ese tiempo, aunque sí ajusté más el presupuesto. Pero no me importa. Ayudar a salvar una vida vale más que cualquier dinero.





