¡Deja de quejarte, tengo hambre! ¿El segundo día de resfriado es razón para descansar?

“¡Basta de berrinches, que tengo hambre! ¿Acaso dos días de resfriado son excusa para quedarte en la cama?”

La incomprensión de su marido ante lo más básico fue el punto de no retorno en la vida de mi amiga. Conocí a **Carmen** desde el colegio. Siempre la consideré una mujer fuerte, pero que aguantara ese matrimonio **tres años** todavía me deja sin palabras.

Su esposo, **Javier**, era de esos hombres que solo veían el mundo a su manera. ¿Dolor de cabeza? ¿Fiebre alta? Da igual, lo importante era que **la cena estuviera servida a tiempo**. Para él, el rol de esposa incluía ser cocinera, limpiadora, enfermera y psicóloga, pero él, en cambio, asumía sus responsabilidades con indiferencia, incapaz hasta del más mínimo gesto de empatía.

Incluso cuando Carmen estuvo hospitalizada por complicaciones de **una gripe**, **ni se molestó en visitarla**. Y apenas salió del hospital, su primera petición fue: *”Aquí nadie ha cocinado en días”*. Cuando ella le dijo que no había dormido en toda la noche, él soltó un bufido: *”¡Vaya drama! ¿Cansada? Pues menos quejarse y más moverse, que tengo hambre.”*

Carmen se levantó, pero no para ir a comprar comida, sino **al registro civil**. Empacó sus cosas y se marchó a casa de sus padres. Sin discusiones, sin gritos. Simplemente **se fue**.

Y fue lo mejor. **Cuando el amor se convierte en desprecio, quedarse es destrozarse a una misma**. Ahora Carmen ha vuelto a ser ella, y escucho **fuerza** en su voz. Estoy segura de que, esta vez, **su futuro será brillante**.

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¡Deja de quejarte, tengo hambre! ¿El segundo día de resfriado es razón para descansar?