«Un bebé inesperado cambió mi vida: no estaba preparada para ello»

**Diario Personal**

Desde que aquel bebé llegó a nuestras vidas, todo se desmoronó. No estaba preparada para un golpe así.

Cuando Adriana y su esposo Javier decidieron adoptar, creyeron que era el momento perfecto. Ya tenían a su hija Lucía, de ocho años, pero sentían que podían dar amor a otro niño. Aunque sus familiares les advirtieron—”¿Para qué quieren un niño ajeno? No saben qué carga trae”—, no hicieron caso. Después de meses de trámites, llegó Daniel, un niño de cinco años, callado y tímido.

Al principio, todo parecía ir bien. No le dijeron que era adoptado, pensando que así se integraría mejor. Pero pronto, las cosas cambiaron. Adriana encontró la muñeca favorita de Lucía destrozada con tijeras. Daniel estaba allí, impasible. “¿Por qué lo hiciste?”, preguntó, pero él solo encogió los hombros.

El psicólogo infantil les explicó que podía ser por sus traumas en el orfanato. Les pidió paciencia. Intentaron seguir adelante, pero Daniel empezó a decir en la guardería que no le daban de comer y que le pegaban. Llegó Servicios Sociales a investigar. “Fue humillante”, recuerda Adriana. “Siempre dimos lo mejor, y ahora nos acusaban de maltrato”.

Aunque no hubo consecuencias, Javier no soportó más. “No puedo vivir así”, le dijo. “Lucía le tiene miedo, y yo me siento impotente”. Adriana se debatía entre el amor por su marido y la responsabilidad hacia Daniel. Pero las amenazas del niño empeoraron. Finalmente, Javier la dejó: “O devuelves al niño, o nos separamos”.

Fue la decisión más dura de su vida. Tras el divorcio, intentó cuidar de ambos, pero el estrés la consumió. Un día, comprendió que no podía más. Con el corazón roto, devolvió a Daniel al orfanato. “Ojalá encuentre una familia que sí pueda darle lo que yo no pude”, susurra entre lágrimas.

Ahora, Adriana intenta reconstruir su vida con Lucía. Pero las dudas persisten: ¿habrá hecho lo correcto?

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«Un bebé inesperado cambió mi vida: no estaba preparada para ello»