**Primera Impresión**
—Mamá, te presento a Natalia —dijo Carlos, algo nervioso, al llegar a casa con la chica pasada la medianoche.
—Buenas noches —contestó Lorena, mirando con desaprobación a la inesperada visitante—. Qué oportuno momento para presentaciones… faltan cinco minutos para las doce.
—Yo le dije a Carlos que era tarde —se apresuró a responder la joven—, pero ¿él escucha? ¡Es tan testarudo!
*”Qué hábil”*, pensó Lorena. *”Justificarse ella y ponerlo a él como el culpable. No me cae bien.”*
—Pues pasen —invitó la madre, y sin añadir palabra, se retiró a su habitación.
¿Qué más podía hacer? ¿Echar a su único hijo a la calle a altas horas de la noche? ¿Y por una chica que acababa de conocer? Si querían vivir juntos, allá ellos. Una madre está para proteger a su hijo y abrirle los ojos. Y ella, Lorena, lo haría rápidamente. Carlos acabaría enviando a su conquista de vuelta a casa, y hasta se alegraría de haberse librado de ella.
Toda la noche la pasó en vela, maquinando cómo deshacerse de Natalia.
No es que se opusiera a que Carlos se casara. A sus treinta años, ya era hora de que formara una familia.
¡Pero no con esa!
Primero, era mucho más joven, señal de que no tenía la cabeza bien amueblada. ¿Qué clase de esposa, madre o ama de casa sería?
Segundo, su comportamiento hablaba por sí solo: presentarse en una casa ajena de madrugada, sin pedir disculpas. ¡Encima echó la culpa a su hijo! ¿Y se quedó a dormir?
¿Era la primera vez o lo tenía por costumbre?
Tercero. Simplemente, no le caía bien.
Y tarde o temprano, a Carlos le pasaría lo mismo.
¿Para qué perder el tiempo?
Al final, ni siquiera necesitó llevar a cabo su plan.
Natalia misma le dio motivos de sobra para poner las cosas en su sitio.
La primera señal llegó por la mañana.
Natalia entró en la ducha y tardó casi una hora en salir.
Carlos pasó todo ese tiempo de un lado a otro, impotente y cada vez más enfadado.
—Hijo, ¿qué te pasa? —preguntó Lorena con dulzura—. La chica se arregla, quiere gustarte…
—¡Pero yo tengo que ir a trabajar!
—Pues llama a la puerta y explícale que no está sola —sugirió la madre.
—Qué va, luego hablo con ella —contestó él—. Oye, mamá, ¿tú no llegas tarde?
—¿Yo? No. Hace rato que estoy lista. Hice tortitas. Siéntate a desayunar.
—¡Pero si no me he lavado!
—Luego lo harás. Ahora, aprovecha y come algo fuerte. Vas a tener un día largo.
Carlos se sentó.
En ese momento, Natalia salió del baño con una toalla en la cabeza. Estaba radiante.
—¡Por fin! —exclamó Carlos, lanzándose al espejo empañado.
Se lavó a toda prisa, se afeitó, tragó una tortita y, ya en la puerta, gritó:
—¡Hasta esta noche! Espero que os llevéis bien.
—¡Carlos! —lo llamó Natalia—. Íbamos a recoger mis cosas hoy.
—Esta noche. ¡Que no te aburras! —contestó desde el descansillo.
Lorena se levantó, cerró la puerta y, volviéndose hacia Natalia, preguntó sin rodeos:
—¿No te da vergüenza?
—No —sonrió la chica—. ¿Debería?
—¡Carlos va a llegar tarde por tu culpa!
—No llegará. Seguro que coge un taxi. Tranquila, todo irá bien.
—En cualquier caso, recuerda: no estás sola. Si quieres pasar una hora en la ducha, levántate antes. Menos mal que hoy no trabajo.
—No volverá a pasar —dijo Natalia sencillamente—. Perdóneme.
Lorena se quedó desconcertada. Esperaba conflicto, pero…
—Bueno —refunfuñó y se dirigió al baño.
Lo primero que vio fue un tubo de pasta de dientes nuevo, abierto, aunque había otro a medio usar.
—Natalia, ¿para qué abrir pasta nueva?
—Me gusta más esta.
—¿Traerás la tuya, y tu champú, verdad?
—Claro, Lorena.
—¡Y tus toallas!
—Las traeré.
Por más que Lorena buscaba pelea, Natalia no le daba pie. Asentía, prometía, “aprendía” sus futuras obligaciones.
Al final, Lorena, cansada de buscar excusas, fue directa al grano.
—¿Qué haces aquí?
—Carlos y yo nos queremos.
—¡Cómo no ibas a quererlo! Lo que no entiendo es qué ve él en ti.
—No se lo he preguntado.
—¿Y tus padres?
—Mi madre es costurera. Trabaja en una fábrica.
—¿Y tu padre?
—Nunca lo he conocido.
—Ah. Sin figura paterna. ¿Y cómo piensas ser una buena esposa?
—Haré lo posible.
—Por mucho que lo intentes, no lo conseguirás. Mi hijo no te quiere. ¡Solo se lo imagina! Yo lo conozco. Y nunca se casará contigo. ¿Para qué? Si ya lo consientes todo.
—Él me quiere —tembló la voz de Natalia—. Estoy segura.
—Pues te equivocas. ¿Crees que eres la primera?
—No, pero no importa…
—¿No importa? ¡En una semana se aburrirá de ti! No estás a su altura. ¡El intelecto! ¿Sabes lo que es?
—Sí. Pero aquí no viene al caso.
—¿Por qué?
—Tengo estudios superiores.
—¿Y qué? Mira, chiquilla, vete a casa. Aquí no pintas nada. Llevo horas intentando hacértelo ver y no lo entiendes.
—Está bien, me iré. ¿Y qué le dirá a Carlos? No le hará gracia.
—¡Eso no te incumbe! Vete y no vuelvas. Aquí no eres bienvenida.
Lorena misma se sorprendió de su dureza. Nunca le había hablado así a nadie. Pero las palabras ácidas le brotaban sin control.
¿Y Natalia?
La joven la miraba, entendiendo todo.
La madre simplemente tenía celos. Llevaban menos de un día juntas y ya la odiaba. Y esto era solo el principio…
La puerta se abrió: Carlos volvía del trabajo.
—¿Tan pronto? —preguntó Lorena, contrariada. Esperaba que Natalia se hubiera ido antes.
—¡Me dejaron salir! —exclamó él, entusiasmado—. Les dije que tenía un asunto familiar. ¿Lo oyes, Natalia? ¡Familiar!
—¿Qué asunto? —gruñó Lorena.
—¡Vamos a registrar el matrimonio y luego a por sus cosas! ¡Nati, prepárate!
—¿Registrar? ¿Ya? —exclamó Lorena, mirando con recelo a Natalia—. Pensé que solo ibais a convivir.
—Te equivocas, mamá. Además, no hay tiempo que perder.
—¿Por qué?
—¿Natalia no te lo dijo? Creí que ya habríais hablado de todo.
—Hablamos —respondió Natalia (Lorena sintió un escalofrío: ahora se quejará)—, pero no llegamos a lo importante.
—¡Pues yo te lo digo! —Carlos brillaba de felicidad—. ¡Enhorabuena, mamá, pronto serás abuela!
—¿Pronto? —corrigió Natalia—. ¡Ya lo eres! —Puso su mano pequeña sobre el vientre—. Tu nieto tiene tres meses.
LLorena se quedó paralizada, sin saber si alegrarse o lamentar que su primer nieto llegara de la mano de una chica que, hasta hace unas horas, había intentado echar de su casa.







