¡Qué tiempos aquellos! Recuerdo bien cuando vivía en Madrid, hace ya tantos años, junto a Julián, mi

Al frente de la entrada, un negro limusín relucía como la noche que reflejaba las luces de Madrid.

Era una tarde de verano en Madrid. Volvía a casa agotada después de entrenar, cuando en el paseo vi a

Bueno, Chispa, ¿nos vamos ya o qué…? murmuró Valero, acomodando el collar improvisado que se había

Cuando Ana tiró del cordel que ataba el saco, la tela se deslizó lentamente, susurrando en voz baja.

La chaqueta azul del uniforme y el rostro que reconocí al instante. Era Alejandro Martínez, el guardia

Iker, tenemos que hablar. Elena alisaba la mantelería con movimientos nerviosos, estirando pliegues inexistentes

¡O yo, o tu perro! ¡No aguanto más este olor!exclamó su marido. Ella eligió a su esposo y llevó al perro

Lo más importante La fiebre de Lucía subió de repente. El termómetro marcó 40,5 grados y casi al instante

Violeta permanecía inmóvil, con el móvil apretado contra la oreja. La voz de su madre le resonaba en










