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025
Cuando ella servía algo de la olla, saqué de mi bolso unas toallitas antibacterianas y empecé a limpiar los tenedores. Ella lo notó.
El otro día terminé en casa de mi tía para entregarle unos papeles. Nos vemos solo por Navidad, pero
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038
Mi marido mantiene una correspondencia muy activa con una antigua compañera de trabajo.
Mi marido mantiene una correspondencia muy activa con una antigua amiga. Puedo decir que tengo muchísima
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07
Don Fernando Ruiz salió a la terraza, apoyándose en su bastón de madera.
Don Fernando Ruiz salió al balcón apoyándose en su bastón de madera. El aire olía a azahar y a salitre.
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022
Nos fuimos mi marido y yo al pueblo para conocer a sus padres: así fue mi primer encuentro con la madre de Vasili, entre el aroma a ajo y pan casero, las bromas de mi suegro, los saludos de toda la aldea y la calidez de la estufa, donde acabé descubriendo que los sustos nocturnos no siempre vienen del duende, sino de la masa madre olvidada por la suegra.
Mi marido y yo llegamos una tarde brillante y fuera del tiempo a un pequeño pueblo de Castilla, para
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086
“¡Me voy de vacaciones, no pienso hacer de canguro de nadie!” Mi suegra me dejó tirada, pero yo le di su merecido.
¡Me voy de vacaciones, y no pienso cuidar de nadie! Mi suegra me dejó tirada, pero se lo devolví.
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09
Tengo 60 años. Ya no espero en mi casa ni a amigos ni a familiares. Muchos cercanos piensan que soy demasiado arrogante, pero sinceramente, no me importa la opinión de los demás. La razón principal por la que he dejado de recibir visitas es mi pereza. Llevar una casa era realmente agotador para mí. No solo tenía que tenerlo todo recogido, sino también preparar algo para picar. Ahora no tengo ni recursos ni ganas de hacerlo. Se puede quedar en una cafetería y tomar un café. ¿Por qué hay que quedarse en casa? La segunda razón es la energía negativa. No todos los invitados vienen con buenas intenciones. ¿Para qué necesito los problemas y preocupaciones ajenos? Después de cada visita me sentía abatida y deprimida. Ya no quería sacrificar mi bienestar. Desde que dejé de abrir la puerta de mi casa, he dejado de tener pesadillas e insomnio. Además, estoy jubilada y me aburro en casa. Quiero salir, descubrir lugares nuevos y desconectar. ¿Qué sentido tiene quejarse y atraer a todo el mundo a casa? Luego se van y tú te quedas recogiendo y preocupándote de si les habrás atendido bien o mal. Nuestra ciudad está llena de sitios en los que disfrutar. Hoy en día no hace falta reunirse en casa para ver a los amigos o celebrar un cumpleaños o santo. Y yo quiero disfrutarlo; no quiero pasarme el día entero con la escoba y el trapo. Ahora mi casa es mi pequeño mundo. En él no hay nadie a quien no necesite. Se podrá decir que soy una insociable poco hospitalaria, pero es una idea equivocada. ¿Te sientes identificado con mi forma de ver las cosas?
Tengo 60 años. Ya no espero que amigos ni familiares vengan a mi casa. Muchas personas cercanas a mí
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028
¿Lo recuerdo? ¡Imposible olvidar! —Pola, tengo que contarte algo… Bueno, ¿te acuerdas de mi hija ilegítima, Anastasia? —mi marido hablaba en enigmas. Eso ya me inquietaba. —¿Que si me acuerdo? ¡Imposible olvidar! ¿Y qué pasa? —me senté en la silla anticipando problemas. —No sé ni cómo decírtelo… Anastasia ruega que acojamos a su hija, es decir, a nuestra nieta —murmuró mi marido. —¿Y ahora, de pronto, por qué? ¿Qué pasa con el marido de Anastasia? ¿Le ha dado por hacer el vago? —ya empezaba a interesarme el asunto. —Verás, a Anastasia le queda poco de vida. Nunca ha habido marido. Su madre se casó hace años con un extranjero y vive en Estados Unidos. Anastasia no tiene relación con ella, están tremendamente peleadas. Y no le quedan más parientes. Por eso lo pide —Shurik se ruborizaba, sin mirarme a los ojos. —¿Y? ¿Qué vas a hacer? —yo ya tenía claro lo que haría. —Por eso te lo consulto, Pola. Lo que digas, haremos —finalmente Shurik me miró preguntando. —Qué bonito. O sea, pecaste en la juventud, y ahora Pola debe hacerse cargo de la hija ajena. ¿Verdad? —me hervía la sangre por la falta de carácter de mi marido. —Pola, somos una familia. Hay que decidir juntos —Shurik trató de convencerme. —Vaya, ahora te acuerdas de eso. Pero cuando andabas de aventuras, ¿por qué no me consultaste? ¡Soy tu mujer! —rompí a llorar y me fui a otra habitación. …En el colegio salía con mi compañero Valerio, pero en cuanto llegó un nuevo, Alejandro, me olvidé del mundo entero. Pronto corté con Valerio. Alejandro se fijó en mí, me acompañaba a casa, me daba calorosos besos en la mejilla y me regalaba flores robadas del parterre. A la semana ya me llevó a la cama. Ni rechisté. Me enamoré de Shurik para toda la vida. Acabamos el instituto y llamaron a Alejandro a la mili. Le lloré en el andén como una magdalena. Un año intercambiando cartas. Volvió de permiso, yo no sabía ni cómo acogerle de los nervios. Shurik me llenaba de halagos, y yo me los creía todos: —Pola, cuando vuelva, en un año, nos casamos. Pero para mí ya eres como mi esposa. Tras aquellas palabras me inundaba el amor y la ternura… Así será siempre: Shurik me mira dulce de arriba a abajo y yo me derrito como un helado al sol, como chocolate entre las manos. Se fue a la mili, yo le esperaba convencida de ser su prometida. Medio año después llega carta suya: mejor dejarlo, que ha encontrado el amor verdadero en la base y no va a volver. Y yo, con ese hijo suyo pateando en mi barriga. Menuda boda. Tal como decía mi abuela: —No te fíes de la miel en flor, sino del grano en el granero. …Al tiempo nació Iván. Valerio, mi ex, se ofreció a ayudarme y yo, desesperada, acepté. Sí, fui íntima con Valerio. No creí que volvería a ver jamás a Shurik. Desapareció de mi vida, no daba señales. Y de pronto, volvió. Valerio abrió la puerta. —¿Se puede pasar? —sorprendido, preguntó Shurik. —Entra, ya que vienes —Valerio, de mala gana, lo dejó pasar. El niño agarrado a Valerio, llorando, viendo la tensión. —Valerio, llévate a Vanechka de paseo —no sabía cómo actuar. Se fueron. —¿Marido? —preguntó Shurik con celos. —¿A ti qué te importa? ¿Por qué has venido? —me enfadaba, sin adivinar sus intenciones. —Te echo de menos. Ya veo que tienes familia, Polina. Que no me esperaste. Bueno, me voy. Perdón por interrumpir vuestra idílica familia —Shurik se disponía a irse. —Espera, Sacha. ¿A qué has venido? ¿A hacerme daño? Valerio solo me ayuda a no sentirme sola. Por si te interesa, él cría a tu hijo de dos años —intenté retener a Sacha. El amor no muere tan fácil. —He vuelto por ti, Polina. ¿Me aceptas? —Shurik me miró esperanzado. —Pasa, vamos a comer —y el corazón me cayó a los pies. Vuelve a casa, así que no me ha olvidado. ¿Para qué resistirme? Valerio otra vez suplente. Mi Iván necesita a su verdadero padre, no a un padrastro. Después Valerio se casó con una buena mujer y adoptó a sus dos hijos. …Pasaron los años. Shurik jamás quiso a mi hijo como padre, siempre sospechó que era de Valerio. Shurik no sentía nada por él. Lo notaba. Sacha siempre fue de “faldas”. Se encaprichaba y las dejaba fácil. Se lió con mis amigas, con las amigas de mis amigas… Yo lloraba, pero seguía cuidando de nuestra familia, amándolo. Quizás lo tenía más fácil que Shurik. Quien ama, vive en feliz ignorancia. No tenía que inventarme mentiras o excusas. Solo lo amaba. Era mi sol. A veces quería dejarlo, pero por las noches me arrepentía: ¿dónde iba a encontrar otro igual? Sacha sin mí, se pierde. Soy su amante, esposa y madre. …Su madre murió cuando Shurik tenía catorce años. Quizás por eso busca en otras mujeres lo que jamás recibió. Todo, todo se lo perdonaba y lo compadecía. Una vez, tras una fuerte pelea, eché a Sacha de casa. Se fue con la familia y no regresó pasado un mes. Cuando fui a buscarle, su tía me dijo: —¿Para qué quieres a Shurik? Dijo que os habéis divorciado y ahora tiene novia. Gracias a ella, localicé la casa de la nueva y fui a verla. —¿Está Sacha? —le pregunté. Me cerró la puerta en las narices con una sonrisita. …Sacha volvió a casa un año después. La chica tuvo una hija, Anastasia. Siempre me he culpado por haberle echado de casa; quizás esa chica jamás habría tenido ocasión de “pescar” a mi marido y tenerle una hija. A partir de entonces, lo mimé más aún; lo amaba sin medida. Nunca hablábamos de Anastasia, la hija ilegítima. Si salía el tema, parecía que todo se desmoronaría. Callábamos por no despertar el monstruo. Bueno, tenía una hija con otra… ¡Pasa hasta en las mejores familias! Que no se metan las arpías en matrimonios ajenos. Así vivíamos; con los años, Shurik se volvió más apacible, dócil y hogareño. Las amantes desaparecieron. Pasaba más tiempo en casa, viendo la tele. Nuestro hijo se casó joven y nos dio tres nietos. Y de pronto… Aparece, tras años, la hija ilegítima, Anastasia. Pide que acojamos a su hija. Hay que pensar. ¿Cómo explicar a Iván la llegada de una chica extraña? No sabe nada de las aventuras juveniles de su padre. …Por supuesto, nos hicimos cargo legalmente de la pequeña Alina, de cinco años. Anastasia murió, con tan solo treinta. Toda tumba la cubre la hierba, pero la vida sigue. Shurik habló con Iván de hombre a hombre. Nuestro hijo, tras escuchar la confesión de su padre, sentenció: —Papá, lo pasado, pasado está. No soy juez. Pero la niña es de la familia, hay que acogerla. Suspiramos de alivio, Sacha y yo. Nuestro hijo es bueno y generoso. …Alina tiene hoy dieciséis años. Adora a su abuelo Sacha, le cuenta sus secretos, me llama abuela y dice que de joven era igual a ella. Y yo, por supuesto, le doy la razón sin dudarlo…
¿Me acuerdo yo? ¡No puedo olvidar! María, verás Pues eso, ¿te acuerdas de mi hija ilegítima, Carmen?
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072
Lo siento por lo ocurrido
Lo siento por lo ocurrido. Miguel, ¿estás seguro de que lo has cogido todo? ¿No quieres revisarlo otra vez?
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020
Con mi ex, en un paquete inesperado
Andrés, no puedes echar a la niña de golpe, ¡estás hablando de una pequeña en una ciudad que no conoce!
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018
Algunas ancianas son más importantes que la familia
Mamá, lo entiendo todo, pero ¿realmente era tan difícil avisar con antelación? ¡Ya había quedado con
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