Le dije a mi prometido que vivíamos en un piso de alquiler, pero en realidad estamos en mi apartamento.

Recuerdo que, hace ya varios años, le dije a mi prometido que vivíamos en un piso de alquiler, cuando en realidad era mi propio apartamento.

Me crié en una familia compuesta sólo por mi madre y mi abuela; nunca recibí una educación masculina, pues mi padre abandonó a mi madre y jamás se interesó por mí. Criada por mujeres, aprendí a ser fuerte y autosuficiente; fueron ellas las que me inculcaron esa determinación. Con mucho esfuerzo y trabajo, a los veintisiete años ya había adquirido mi propio piso, pagado con mis ahorros. Entonces surgió una nueva cuestión: ¿cómo manejar las relaciones sentimentales?

Salí con varios jóvenes, y en cuanto descubrieron que poseía un piso, dejaron de verme como una chica o una mujer y empezaron a percibirme como un recurso económico, la solución a sus problemas de dinero. Esa perspectiva me desagradaba; anhelaba ser amada por mi personalidad, no por lo que poseía.

Cuando conocí a Alberto, comenzamos a vernos y él vino a visitarme. Le dije que el piso era de alquiler, pues quería observar cómo me trataría, si podríamos construir una relación sin que yo tuviera algo y él nada. Alberto, a su vez, me aseguró que la falta de un techo propio no sería impedimento; se esforzaría en ganar y ahorrar para comprarnos una casa donde vivir juntos. Me gustó su actitud. Durante los dos años que compartimos techo, Alberto realmente ahorró.

Hoy nos espera el día de la boda. Tras la ceremonia, él tiene la intención de comprar la vivienda para los dos, y yo me consume la culpa. Durante todo este tiempo le he mentido, tomando el dinero del alquiler sin que él lo sepa. ¿ Debería confesarle ahora?

Mi abuela y mi madre me dicen que no hace falta confesarse; que, por si acaso, tenga mi propio piso, y que el hombre debe proveer el hogar a su esposa. Pero, ¿cómo iniciar la vida conyugal bajo una mentira?

Así, en mi recuerdo, la duda sigue rondando, como una sombra que no se disipa con la luz del altar.

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MagistrUm
Le dije a mi prometido que vivíamos en un piso de alquiler, pero en realidad estamos en mi apartamento.