“¡Es un niño grande, pero es más importante alimentar a tu hijo!”

A la nieta de mi vecino, Helena, le fue muy bien en la universidad y se licenció en finanzas, pero tuvo un lío con su trabajo. Parecía que conseguía un trabajo en algún sitio, luego otra vez la inscribían en el centro de empleo. Y así en un círculo. No pude soportarlo y le pregunté: “Helena, ¿por qué andas volando y no consigues trabajo? ¿Vives más de la asistencia social?” Y Helena me dijo: “¡No tienes que trabajar con la asistencia social!”

Entonces se fue a una ciudad vecina, conoció a un chico, empezó a vivir con él, pero seguía sin querer trabajar. Cuando se quedó embarazada, se casaron, para que todo fuera bonito, Helena dio a luz, pensando que podría conseguir el capital de maternidad a través de su marido. Pero su marido resultó estar empadronado no en la ciudad, sino en su pueblo natal, en la ciudad su tía le dio un apartamento, mientras ella trabajaba en el extranjero.

En el pueblo todas las familias son numerosas, y para conseguir el dinero las autoridades competentes exigieron certificados de empleo de todos los empadronados en el lugar del registro del marido de Helena. Por supuesto, dichos certificados no pudieron ser recogidos. Tuvo que conformarse con el salario mínimo.

Cuando Helena se dio cuenta de que había una escasez catastrófica de dinero, no sólo para el ocio, sino para la alimentación básica del bebé, dio la voz de alarma y empezó a llamar a todos sus familiares cercanos y no tan cercanos, dibujándoles un terrible cuadro de hambre para un niño de un año.

Por supuesto, todo el mundo se apresuró a ayudar, quién con dinero, quién enviando comida, y el marido de Helena empezó a tener dos trabajos para llegar de alguna manera a fin de mes. Como consecuencia, su salud se vio gravemente mermada y acabó en el hospital, y Helena empezó a “cruzar” con sus parientes, quedándose con uno u otro durante unos días, y así lo hizo durante seis meses.

Hace poco vino a visitar a su abuela, y desde hace dos semanas se encuentra bien con el subsidio de su abuela. Le pregunté qué pasa con su marido. Qué piensa ella, porque él está allí, en el hospital, necesita comida normal, traslados, etc. A esto Helena me dijo patéticamente: “¡Es un niño grande, pero es más importante alimentar a mi hijo!”.

Nadie sabe lo que una madre tan “cariñosa” puede dar al niño, y cuánto tiempo va a vivir con la pensión de su abuela.

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