¿Qué nieta tienes, Don Vasco Damián, de ojos negros y dientes tan blancos? ¿De quién es? ¿No será mía?
Por dinero me volví más joven. Años después, mi marido descubrió la verdad y nos divorciamos.
Ángel peludo Hoy, al salir de la oficina en pleno centro de Madrid, viví algo que jamás podré olvidar.
Mi marido solo piensa en sí mismo: se come toda la comida, ¡ni siquiera le deja nada a nuestro hijo!
—Adam, ¿dónde están los plátanos? —le pregunto a mi marido.
—Me los he comido, me apetecían.
—¿No podías haber dejado al menos uno para la merienda del niño?
—De verdad, ¡menudo drama estáis montando! Como si no vendieran plátanos en el súper.
—Pues ve tú a comprar algunos.
—Es que tengo partido de fútbol, ¿cómo voy a ir?
En nuestra familia esto pasa siempre: yogures, galletas, manzanas… Hasta tengo que esconder la comida, porque, con este padre, mi hijo se puede quedar con hambre.
Llevamos cinco años casados. Nuestro hijo está a punto de cumplir dos. Tenemos una hipoteca, así que el dinero no nos sobra. Mi marido se cree el proveedor de la familia, porque “nos ha dado una casa”. En realidad vendió su piso pequeño para la entrada, pero mis padres también ayudaron. Mi madre dice que Adam es un egoísta de libro. Y un poco de razón tiene…
El otro día preparábamos una fiesta de cumpleaños. Yo cocinando para invitar a los amigos, y él dando vueltas todo el rato, vaciando platos. Y lo peor: también atacó la tarta. La dejé en la terraza porque no cabía en la nevera. La traigo a la cocina para cortarla y solo queda un trozo decorado con chocolate. Imaginaos la vergüenza…
Y así siempre. Sí, él trabaja, pero se podría organizar mejor y pensar en los demás. Siempre la misma excusa: “No pasa nada, se compra y ya”. Vale, que no piense en mí, ¿pero cómo puede no pensar en su propio hijo? Que además no es que vayamos sobrados, hay que estirar. Entre semana nos comemos la despensa de todo el mes.
—¿Por qué le tienes manía? ¡Es un hombre, necesita comer! Él trae el dinero, tú no le critiques, haz más comida —me defiende mi suegra.
Lo curioso es que, por mucho que cocines, nunca tiene suficiente: se lo zampa todo. No podemos comprar más, hay que pagar la hipoteca, comprar ropa, cosas de casa…
En fin. Le he dicho que, como lo vuelva a hacer, me divorcio; nos repartimos la casa y cada uno por su lado. Se ha enfadado, se ha quejado a su madre y ahora mi suegra ni me habla. Pero yo creo que tengo razón. ¿Tú qué opinas? Mi marido piensa solo en sí mismo. Se lo come todo, sin dejar ni siquiera algo para el niño.
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