«Busco mujer sin problemas económicos»: fui a una cita con un hombre que a sus 45 años sigue viviendo con su madre… Y aquello cambió mi vida para siempre.

«Busco una mujer sin problemas económicos»: fui a una cita con un hombre que, con 45 años, sigue viviendo con su madre Y eso cambió mi vida para siempre.

¿Alguna vez os habéis parado a pensar cuánta verdad puede encerrar una sola línea de una ficha en una web de citas? No me refiero a las fotos posando junto al coche de otro ni a esos listados de exigencias interminables, sino a una frase breve inocente en apariencia, pero que en realidad lo dice todo.

«Busco una mujer sin problemas económicos».

Esa frase me llamó la atención una noche de sábado mientras hojeaba perfiles casi por rutina. La foto mostraba a un hombre de lo más normal: ni gordo ni flaco, mirada suave, camisa limpia. Pongámosle el nombre de Francisco, 45 años.

Normalmente, suelo pasar de largo ante frases así sin pensarlo. En traducción femenina, suele significar: «No pienso gastar un céntimo y espero que tú pagues por los dos». Pero aquella noche sentí curiosidad, una curiosidad casi periodística por saber qué se escondía tras esa demanda de independencia económica, viniendo de un hombre con pinta tan corriente.

La curiosidad pocas veces trae algo bueno, pero esa vez me regaló una historia digna de contarse. Quedamos para vernos.

Primera impresión: una limpieza exagerada y una ansiedad soterrada

Francisco sugirió vernos en el Retiro. Toda una elección clásica: para quien teme dejarse un dineral en el primer café. Por mí perfecto, me encanta caminar y la tarde estaba fresca pero soleada.

Llegó a la cita a la hora exacta, ni un minuto antes ni después. En el momento lo tomé como un plus, aunque pronto entendí que no era puntualidad de persona segura, sino más bien algo casi escolar. Plantado junto a la verja del parque, erguido, con unos pantalones planchados con esa raya peligrosa y afilada.

Buenas tardes, me dijo mientras repasaba con la mirada mi abrigo y mi bolso. Noté que buscaba marcas: quizá para ver si yo tenía, después de todo, esos «problemas económicos».

Nos metimos a pasear por el parque, y los diez primeros minutos pasaron entre tópicos: el tiempo, las obras del metro, el estrés en Madrid. Francisco hablaba con propiedad, incluso un poco de libro, pero en su voz había algo incómodo, como si necesitara continuamente aprobación o ya anticipara disculpas.

Entrevista para el puesto de mujer funcional

Al pasar la parte de cortesía, Francisco fue directo al grano. No disimuló, fue como si leyera una ficha de candidato.

¿A qué te dedicas?

Soy responsable de contabilidad en una empresa logística.

Eso está bien. Es estable. ¿Tienes piso en propiedad o hipoteca?

Por poco me tropiezo. Suelo escuchar esas preguntas después de dos copas, no en el minuto quince del paseo.

En propiedad, mentí, solo por ver dónde llevaba la conversación.

Mejor aún, se relajó. Porque últimamente muchas buscan al hombre como solución a sus líos económicos: créditos, deudas, hipotecas… Yo creo que la pareja debe empezar en igualdad.

En teoría, suena lógico. ¿Quién rechaza el compañerismo? Pero el diablo, como siempre, está en los detalles.

¿Y tú? le pregunté. ¿Vives solo?

Entonces Francisco soltó la bomba que, en otros tiempos, quizá me habría hecho levantarme e irme, pero esa vez quise quedarme hasta el final del thriller psicológico.

No, vivo con mi madre. Es lo más racional. ¿Para qué tirar el dinero en alquiler si tenemos un piso grande? Además, a mi madre le cuesta estar sola la edad, la tensión…

Con 45 años, viviendo con su madre.

¿Y cómo os organizáis en casa? le pregunté con cautela.

Bueno, mi madre es de la vieja escuela, me sonrió con una ternura que no tuvo conmigo en toda la tarde. Ella manda en la cocina, cocina de maravilla, claro. Yo ayudo para sacar la basura, hacer la compra… vamos, que lo tenemos todo en orden.

Con la lista, pensé para mis adentros.

El modelo económico del hijo de mamá

Nos detuvimos ante un puesto de café. Me quedé esperando. Francisco dudó.

¿Te apetece un café? me preguntó con el tono de quien te invita a una apuesta arriesgada.

Acepté un capuchino.

Aquí será carillo, ¿no?… miró los precios de reojo. En casa tengo cafetera estupenda, suelo traer mi termo, hoy se me ha olvidado. Bueno, vamos a pedir. ¿Pequeño, verdad?

Me compró solo el pequeño para mí. Él nada.

Ya he desayunado café en casa refunfuñó.

Después, Francisco comenzó a exponer su filosofía sobre la mujer sin problemas. Para él no era solo alguien con trabajo, sino una mujer completamente independiente y dispuesta a encajar en su mundo ya estructurado.

No entiendo por qué las mujeres le dais tanta importancia al dinero reflexionaba. Mi ex estaba siempre con la cantinela: Vamos a independizarnos, vámonos de viaje, cambiemos de coche. ¿Para qué? El coche funciona, hay piso. Mamá y yo somos sencillos y siempre ahorramos.

¿A tu madre le gustaría que te casaras? pregunté directamente.

¡Claro! Está encantada. Siempre me dice: Francisquín, trae una buena ama de casa, que yo ya no puedo con el suelo.

Ahí comprendí todo de golpe.

Él no busca pareja. Él y su madre buscan relevo.

La madre envejece y el esfuerzo de cuidar al niño cuarentón ya va pesando. Cuidar la casa, los guisos, las camisas planchadas, el suelo de un piso grande… Físicamente ya no puede más. Hace falta sustituta. Mejor si no tiene problemas económicos, así no hay que compartir el presupuesto.

Llamada desde el centro de mando

En el clímax de su charla sobre ahorrar luz, sonó el teléfono. Francisco se sobresaltó.

¿Sí, mamá? la voz se le volvió suave, casi infantil. Sí, estoy paseando. Sí, con esa chica. No, no tengo frío. Llevo la bufanda. ¿Las croquetas? Sí, en una hora. ¿Quieres que compre aceite? ¿Del virgen extra? Vale.

Colgó y me sonrió de forma algo culpable.

Es mi madre, se preocupa. Quiere que llegue a cenar.

Miro el reloj: las cinco de la tarde.

Francisco le dije parando el paso, ¿no te planteas que una mujer sin problemas económicos quizá quiera vivir su propia vida? Separada de tu madre. Viajar, salir a restaurantes…

Se quedó desconcertado.

¿Separarse? Si ya hay piso, no tiene sentido. Y los restaurantes, bah… nada como la comida casera. Una mujer debe valorar el hogar.

¿Quién manda aquí realmente?

Me despedí con educación y me fui a casa, dándole vueltas a la cita.

Este tipo de hombre puede aparentar ser ahorrador o un hijo muy atento, pero la realidad es otra. Francisco no decide nada, vive según las normas de su madre y las llama suyas.

Busco una mujer sin problemas económicos, en realidad es: Busco a alguien que no moleste a mamá.

Una mujer con hipoteca querrá apoyo. Con hijos, aún más atención. Una mujer con aspiraciones tira de él hacia arriba. Y él justo eso, no lo quiere.

¿Por qué es una trampa?

El misterio es que suelen caer en el anzuelo mujeres fuertes y autosuficientes. Acostumbradas a cargar con todo y pensando: Bueno, es casero y no un vividor.

Pero todo para la familia aquí significa todo para mamá. Jamás serás lo primero. Te dejarán estar cerca mientras no alteres el orden ni pidas parte del presupuesto.

Ganarás dinero, lo gastarás en lo tuyo, y al llegar a casa te corregirán por cómo planchas las camisas.

El perfil de Francisco lo borré. Mejor aún, lo bloqueé para no volverlo a ver nunca más.

¿Os habéis cruzado con Francisquines así? ¿Pensáis que tienen alguna posibilidad de formar una familia normal o todo está ya decidido de antemano? Contadme vuestra opinión.

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MagistrUm
«Busco mujer sin problemas económicos»: fui a una cita con un hombre que a sus 45 años sigue viviendo con su madre… Y aquello cambió mi vida para siempre.