Una boda que se convirtió en el gran final

Diario de Lucía, 17 de septiembre

Dicen que una boda es el principio de una nueva vida. Para mí, hoy ha sido el fin de una fantasía en la que llevaba demasiado tiempo refugiándome.

**Escena 1: La máscara de la novia perfecta**
Esta mañana, Carmen se miraba al espejo. El vestido de encaje era precioso, el maquillaje impecable y la sonrisa deslumbrante, pero en sus ojos no brillaba el amor. La vi apretar el móvil contra la oreja y, henchida de seguridad, susurrar:
Aguanta hasta que acabe la ceremonia. Apenas su nombre figure en nuestra cuenta compartida, nos fugamos juntos a la Costa Brava, por fin.

**Escena 2: El mundo se desmorona**
De repente, apareció Javier en la puerta, con un ramo de rosas blancas en la mano: símbolo de su cariño más puro. La alegría se le esfumó del rostro al instante. Se quedó petrificado, escuchando cada palabra de Carmen, que cortaban el aire como una navaja afilada.
Carmen continuó, sin imaginar que la oían:
Es un ingenuo De verdad cree que me importa la herencia de su familia. Yo sólo quiero el dinero.

**Escena 3: Ira y silencio**
Los dedos de Javier se crisparon en torno a las flores. Los tallos se quebraron, las espinas le rasgaron la piel, pero él no sintió dolor. Su sombra cubrió a Carmen, apagando la luz del sol que entraba por la ventana.

**Escena 4: El momento de la verdad**
Carmen se giró, súbitamente pálida, más que el propio vestido. El teléfono se le escapó de las manos y cayó al suelo con estrépito. El silencio era tan denso que costaba respirar.

**Escena 5: El golpe final**
Javier miró el ramo destrozado que apretaba, luego la miró fija y fríamente a los ojos.
**La única herencia que vas a recibir es la que acabas de tirar por la ventana,** murmuró con la voz cortante.
Le arrancó el velo de la cabeza con gesto firme.

Carmen se quedó quieta, sin poder moverse. El encaje del velo temblaba en las manos de Javier. No gritó. Su calma imponía más que cualquier arrebato.

Javier, no es lo que parece comenzó Carmen, tartamudeando; la voz se le quebraba Yo sólo

Tú sólo has mostrado tu verdadera cara la interrumpió él.

Dejó caer el velo arrugado al suelo, en el charco de barro junto a sus pies. Sacó la cajita de terciopelo con las alianzas del bolsillo y, sin abrirla siquiera, la depositó al lado del móvil destrozado.

Los invitados te esperan, murmuró Carmen, intentando agarrarse a una última esperanza. ¿Qué les digo?

Javier ya iba hacia la puerta, pero se detuvo al llegar al umbral.
Diles que la novia perdió el tren a su nueva vida. Y que el novio, por fin, ha despertado.

Salió sin mirar atrás. Un instante después se oía fuera el rugido del motor de su coche alejándose. Carmen se quedó sola, en la habitación vacía, enfundada en el vestido más caro de su vida, que ya no valía ni un euro. No habrá boda. Sólo le espera un largo camino de vuelta a casa, donde nadie aguarda, salvo sus propias ambiciones hechas añicos.

¿Y tú? ¿Habrías perdonado a Carmen en el lugar de Javier, o habrías cerrado la puerta para siempre? Me pregunto si existe redención tras una traición así.

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