Mi marido, de 45 años, se olvidó de mi cumpleaños el 27 de febrero y ese mismo día se fue de pesca con sus amigos: durante su ausencia le preparé una “sorpresa” inolvidable

Tía, tienes que escuchar lo que me pasó. Resulta que mi marido, Javier, que tiene ya 45 años, se olvidó completamente de mi cumpleaños, el 27 de febrero. Ese mismo día, tan contento, se fue de pesca con los amigos Puedes creerlo, ¿no? Pues estando él fuera de casa, yo me puse manos a la obra y preparé un sorpresón que va a hacer que no vuelva a cometer ese error en la vida.

Mira, a mi Javier, con los años, le ha cogido una manía rarísima: recuerda perfectamente cuándo toca cambiar el aceite del coche, las quedadas para pescar, cuándo empieza la temporada pero cuando se trata de fechas familiares, ¡como si se las llevase el aire! Normalmente le ayudo yo, le doy mil pistas, le dejo notitas o hasta se lo suelto a la cara, pero este año, que era especial, quería que se acordase solo. Sin pistas. Pensé que veinticinco años casados daban para aprender algo, ¿no?

Pues nada, que el viernes por la mañana, ahí tienes al Javier de un lado para otro, metiendo anzuelos, cañas y mochilas.

¡Lucía! ¿Has visto mi termo? Los chicos ya están esperando. Nos vamos al río, ahora pica que da gusto. El domingo estaré de vuelta, pero apenas tendré cobertura.

Y se fue, dándome un beso en la mejilla, ni mirarme a la cara. Y antes de irse, todavía suelta:

No te aburras, cómprate algo rico, mujer.

Se cerró la puerta detrás y fui directa al calendario. La fecha, marcada en rojo mi cumple, mi 45. No solo se olvidó, ¡es que eligió justo ese día para largarse!

Al principio, sí, me dolió. Pero luego se me fue helando el corazón y se me encendió la bombilla: ya veríamos quién se olvidaba de las fechas. Así que empecé a montar mi plan y cuando volvió Javier a casa bueno, ya verás.

Verás, él tiene una hucha secreta: ahorros intocables que lleva acumulando, dice él, para el motor nuevo del coche. Lo guarda en una caja fuerte y, claro, yo sé la clave, porque esa memoria tan perfecta suya a veces da fallos.

No veas la cantidad, rozando los trescientos mil euros. Abro la caja y decido qué hacer.

Ese fin de semana me marqué la vida. Pedí un catering de lujo, invité a las amigas, llené la casa de flores. Risas, música, copas de champán Y al día siguiente cenita en un restaurante con vistas a Madrid. Después, un día de spa. Por fin, me compré ese broche que siempre he querido y que nunca me compraba porque había prioridades.

El domingo por la tarde vuelve Javier, con cara de felicidad y un cubo lleno de peces.

¡Lucía, mira el botín! ¡Lo hemos pasado de maravilla!

Y entra al salón, se queda parado ve las botellas vacías, las flores por todos lados, bolsas de tiendas caras por el sofá.

Pero, ¿qué ha pasado aquí? ¿Hemos tenido visita?

Sí, Javier le digo muy tranquila. Fue mi cumpleaños. He cumplido cuarenta y cinco. ¿Te acuerdas?

Se quedó callado, suspiró hondo y me dijo:

Joder Lucía, de verdad que se me fue de la cabeza. Es que entre una cosa y otra tú los sabes

Lo sé le corté. Por eso decidí no estar triste. Me lo he organizado todo yo. Hasta el regalo lo he elegido sola, sin tu ayuda.

Sus ojos, directos al despacho. La puerta de la caja fuerte, abierta. Se queda blanco y va corriendo a mirar. Al minuto vuelve con la cara desencajada.

¿Dónde está el dinero? ¡Ya no hay nada! ¿Qué has hecho con mis ahorros?

Míralo bien, Javier le dije señalando la casa. Aquí está.

¡¿Te lo has gastado todo?! Eso era para el motor. Dos años ahorrando

Y yo, Javier, veinticinco años esperando que te acuerdes de lo importante le contesté, suave pero segura. Se te ha olvidado mi aniversario y quería que este sí que no lo olvidaras nunca.

Se sentó en el sofá, mirando el cubo de peces, luego a la caja fuerte vacía, luego a mí. No pudo montar escándalo, al fin y al cabo el dinero era de los dos.

Y ahí le tenías, limpiando el pescado sin decir ni pío.

Ha pasado medio año ya. El motor tendrá que esperar porque está volviendo a ahorrar. Ahora sí: todas las fechas importantes las tiene con alarma en el móvil, una semana antes, un mes antes, el mismo día Vamos, que ha aprendido la lección, y esta le va a durar toda la vida.

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MagistrUm
Mi marido, de 45 años, se olvidó de mi cumpleaños el 27 de febrero y ese mismo día se fue de pesca con sus amigos: durante su ausencia le preparé una “sorpresa” inolvidable