“¡No hasta la boda!” – le dijeron al prometido de la novia, tras lo cual él tuvo una relación secreta

Salí del gimnasio, todavía sudando y con el corazón acelerado, y vi que tenía siete llamadas perdidas de mi madre en el móvil compartía Amaya, con la voz quebrada. Leí el mensaje: ¡Llámame! Aunque ya eran casi las once de la noche, me decidí a marcar su número. Mi madre es de esas que se angustian por cualquier tontería, capaz de pasar la noche en vela. Al contestar, me pidió que fuese a su casa; entre sollozos me confesó que algo grave había sucedido y quizás tendrían que cancelar la boda.

Amaya tiene una hermana, Carmen, que apenas tiene veintitrés años. La chica es una diseñadora prometedora, una joven brillante. Se graduó hace solo un año y rápidamente fue contratada. Estudió diseño y trabajó a media jornada, y en cuanto terminó, la empresa donde hizo prácticas la fichó sin dudar. La vida personal de Carmen era un ejemplo para todos, o al menos lo fue hasta ese día.

Desde hace algo más de un año salía con Francisco, tres años mayor que ella. Francisco vivía solo, lejos de la familia de Carmen, trabajaba y ahorraba para comprarse un piso propio. El futuro yerno era el favorito de la suegra, pues era educado y respetuoso.

Habían presentado los papeles en el Registro Civil y la boda ya estaba a solo dos semanas.

Una mujer escribió a Carmen por las redes sociales contó Amaya, el rostro tenso. No nos conocemos, pero sé mucho de ti y creo que debes saber algo antes de la boda… Carmen cotilleó su perfil, vio que la señora tendría unos cuarenta y tantos años y no imaginaba qué información podría tener.

Pero la desconocida comenzó a hostigarla, escribiéndole desde diferentes cuentas. Finalmente acordaron verse en una cafetería cerca del trabajo de Carmen.

Su madre le dio una bofetada y le prohibió acudir a estos encuentros narró Amaya, los ojos brillantes. Carmen estaba sentada, esperando a la misteriosa señora, cuando una mujer embarazada entró en el local. Al principio no pensó que fuera ella, pero se sorprendió al verla acercarse con decisión.

¿Eres Carmen? le preguntó la embarazada como si fueran viejas amigas. Me llamo Emilia y llevo más de un año saliendo con Francisco. En cuatro meses nacerá nuestro hijo, será un niño.

Por supuesto, Carmen no creyó ni una palabra. Parecía absurdo. Llevaba más de un año con Francisco y estaban a punto de casarse. La mujer no insistió, se levantó y al irse dijo que Carmen tenía su número, que podía llamarla si quería aclarar algo, incluso podía hablarlo con su propio prometido.

¿Y qué le dijo Francisco? Ahí comenzó el verdadero drama. Carmen decidió que entre ellos no habría intimidad hasta el matrimonio. Paseaban como adolescentes, besándose y abrazándose, pero nada más. Carmen carecía de experiencia; su madre, viuda, la crió sola, siempre aferrada a los libros. ¿Puede ser esto posible hoy en día? se pregunta Amaya, conmocionada. Mira a su hermana y piensa: Tiene carrera, amigos y siempre ha sido extrovertida. ¿Cómo pudo suceder?

Y así estaban las cosas. El novio, un joven con experiencia, aguantó y decidió buscar relaciones sin compromiso para satisfacer sus necesidades. Conoció a Emilia por casualidad, y desde el principio le explicó que no quería nada serio. Al principio, Emilia no tenía problemas: acababa de divorciarse, tiene una hija, recibe buena pensión y trabaja. La diferencia de edad era grande y no esperaba nada de Francisco.

Francisco le prometió a Carmen que, cuando naciera el bebé, se haría la prueba de paternidad, y si era suyo, ayudaría económicamente. Le echó la culpa a Carmen, diciendo que él era un hombre joven y sano, y que sus valores de otra época habían provocado todo esto.

Nadie imaginaba que Emilia llegaría tan lejos. Ni si quiera saben dónde va a dar a luz el niño.

Ahora Francisco ruega a Carmen que no termine con él, que la ama, que solo recurrió a Emilia para saciar un deseo. Dice que si Carmen hubiese sido más moderna, Emilia jamás habría existido.

Francisco asegura que si el bebé es suyo, cumplirá económicamente, pero no planea tener relación con el niño. Emilia decidía tenerlo sola y él le propuso darle dinero para abortar, pero eso ya es asunto de ella.

¿Creéis que Francisco tiene culpa en todo esto, o solo fue víctima de sus propios deseos? ¿Es justificable su infidelidad por falta de relaciones, o debería Carmen huir de semejante prometido porque la ausencia de intimidad nunca excusa un engaño?

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MagistrUm
“¡No hasta la boda!” – le dijeron al prometido de la novia, tras lo cual él tuvo una relación secreta