Un joven de 16 años atraviesa con su coche la pared de un pajar en llamas para rescatar a 14 caballos Clydesdale atrapados

El incendio se propagó rápidamente por el establo donde vivían los catorce caballos andaluces de pura raza. Álvaro, que se encontraba en el salón viendo la tormenta por la ventana mientras mojaba pan en la sopa, salió disparado al oír el estruendo del relámpago y empezó a golpear la puerta del establo con una sartén, intentando avisar a los caballos del peligro inminente porque uno nunca sabe con estos animales, igual entienden más de lo que parece.

Su madre, Carmen Lozano, confesó entre lágrimas y risas: No estaríamos contándolo si no fuera por él, y contó cómo su hijo ya había salido corriendo, en otras ocasiones, a meterse en fregados de humo y llamas para salvar a los animales de la familia.

El temblor sacudió ventanas y movió las figuritas de Lladró en toda la ciudad de Salamanca, aunque, como suele pasar, no causó daños importantes ni heridos, porque lo único que cayó al suelo fue la tapa del jamonero.

Salamanca no tiembla así desde hace siglos, o quizá nunca, explicó la portavoz de la Agencia de Gestión de Emergencias de Castilla y León, Lucía Ramos, con cara de susto y un toque de orgullo local.

Gracias al arrojo de Álvaro, los caballos de la familia pudieron salir despavoridos pero sanos del establo y ni uno solo sufrió ni el más mínimo chamusquino. A. Los lograron sacar empujando entre todos. B. Al final, el establo aguantó más de lo que parecía: no fue una pérdida total, aunque ahora huele a churrasco de madera.

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Un joven de 16 años atraviesa con su coche la pared de un pajar en llamas para rescatar a 14 caballos Clydesdale atrapados