No supo esperar: El día en que Vera pidió el divorcio mientras servía el té, convencida de que merec…

No aguantó

Voy a solicitar el divorcio dijo Clara con tranquilidad, mientras le pasaba a su marido una taza de café. Bueno, en realidad, ya lo he solicitado.

Lo pronunció con la naturalidad de quien comenta qué hay para cenar, como si hablara del menú del día: hoy tenemos merluza al horno.

¿Se puede saber? Bueno, mejor no lo digo delante de los niños Javier, viendo las caritas inquietas de sus hijos, bajó el volumen de la voz. ¿Se puede saber qué te he hecho? Y eso sin entrar en que los niños necesitan a su padre.

¿Crees que no podría encontrarles otro padre? ella giró los ojos y esbozó una sonrisa cortante. ¿Que qué me has hecho? ¡Todo! Yo esperaba que mi vida contigo fuera como una laguna tranquila, y resulta que es un río revuelto.

Bueno, chavales, ¿ya habéis terminado de comer? no quería seguir la discusión delante de los niños. A jugar, venga. Y nada de escuchar, ¿eh? añadió Javier, sabiendo lo curiosos que eran sus hijos. Después, retomó el tono serio. Ahora sí, seguimos tú y yo.

Clara frunció los labios. ¡Incluso en esto tiene que mandar! Siempre dándose aires de padre ejemplar…

Estoy harta de esta vida. No quiero pasarme ocho horas al día en la oficina, sonreír a los compañeros, convencer a los clientes… Quiero dormir hasta el mediodía, pasear por las mejores tiendas, ir a salones de belleza. Y tú no puedes darme nada de eso. ¡Ya está bien! Te he dado los mejores diez años de mi vida…

Por favor, ahórrate los dramatismos le cortó Javier, seco. ¿Acaso no fuiste tú la que movió cielo y tierra para casarte conmigo hace diez años? Yo, sinceramente, tampoco es que estuviese entusiasmado con casarme.

Pues me equivoqué, a cualquiera le puede pasar.

El divorcio se resolvió rápido y sin jaleo. Javier, con esfuerzo, accedió a que los niños se quedaran a vivir con su madre, siempre que pasaran todos los fines de semana con él, y también las vacaciones. Clara aceptó sin dudar.

Medio año después, Javier presentó a sus hijos a su nueva esposa. La sonriente y vitalista Lucía conquistó rápidamente a los niños, que esperaban los fines de semana con ansias, para desesperación de su madre.

Y aún más la desesperaba el hecho de que Javier hubiera heredado una considerable suma de un tío lejano, con la que compró un gran chalet en la sierra y vivía mucho mejor que antes. Mantuvo su trabajo, pagaba una pensión no muy alta, pero prefería vestir él mismo a sus hijos de pies a cabeza y regalarles todo tipo de dispositivos. ¡Incluso controlaba cada euro de la pensión!

¿Y por qué no aguantó seis meses más? Si Clara hubiera sabido cómo iban a cambiar las cosas… Ahora se tiraría de los pelos.

Pero, tal vez, ¿no esté todo perdido?

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¿Te apetece un té? Como en los viejos tiempos sonreía Clara, girando juguetona un mechón de su larga melena entre los dedos. El vestido corto resaltaba sus encantos, el maquillaje impecable le quitaba años… Había invertido mucho esfuerzo en estar deslumbrante.

No tengo tiempo respondió Javier, cruzando una mirada vacía sobre su ex mujer. ¿Ya están listos los niños?

Están buscando algo, seguro que se retrasan diez minutos, los conozco bien contestó ella, decepcionada pero sin rendirse. Oye, ¿por qué no celebramos juntos la Nochevieja? Nico y Hugo han estado toda la tarde decorando el árbol…

En el acuerdo dejamos claro que las vacaciones son mías. Vamos a pasarlas en un pueblecito de Segovia. Hay un montón de nieve y vamos a esquiar. Lucía lo ha organizado todo.

Pero es una fiesta familiar…

Pues eso, una fiesta en familia. Si protestas mucho, pido la custodia.

En cuanto la puerta se cerró tras su ex marido y los niños felices, Clara, llena de rabia, destrozó la carísima vajilla que les regalaron en la boda. Lucía… ¡Siempre Lucía! Siempre ahí, fingiendo que adora a los niños. Seguro que cuenta los días para devolverlos a su madre. ¡A quién, sino a Clara, le iban a contar sus dos fierecillas!

Y sin embargo… La idea empezó a germinar. No todo está perdido. Pronto todo el dinero de Javier será solo suyo…

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¿Y esto? Javier arqueó una ceja al ver las maletas preparadas a la puerta.

¿Cómo que qué? Son las cosas de Nico y Hugo Clara lanzó una leve patada a una de las maletas, que tambaleó. He decidido que, ya que tú tienes tu vida resuelta, es hora de hacer mi camino. Pero ya sabes, no todos los hombres quieren criar a los hijos de otro, así que ahora los niños vivirán contigo. Ya he estado en Servicios Sociales, he avisado, solo falta dejarlo todo legal. Pero eso lo gestionas tú. Yo me voy de vacaciones con un amigo que promete mucho.

Dejando a Javier boquiabierto, Clara se encaminó, despacio, hacia el coche que la esperaba. ¿Cuánto aguantaría esa santita de Lucía? ¿Una semana? ¿Dos? Seguro que dos. Y Javier, llegado el momento, escogería a sus hijos y volvería a ella, con todo el dinero…

Pasaron dos semanas. Un mes. Dos meses. Y la llamada exigiendo que volviera a hacerse cargo de los niños nunca llegó. Por lo que contaban los chicos, Lucía ni les había levantado la voz. ¡No podía ser! ¿Ahora sus dos demonios se habían vuelto angelitos? Increíble.

¿Qué tal se portan los niños? ¿No estaréis ya hartos de ellos? preguntó Clara, incapaz de aguantarse más, llamando a su ex marido.

Fenomenal. Se portan muy bien, ayudan en casa. Son unos chicos de oro respondió Javier, con la voz cálida cuando se refería a sus hijos.

¿De verdad? Clara no pudo disimular la sorpresa Conmigo siempre estaban liándola…

Porque hay que dedicarse a los niños Javier soltó una risilla despreciativa. Tú siempre estabas pegada al móvil. Por cierto, te lo aviso: nos mudamos. Si quieres, te traigo a los chicos en vacaciones.

Pero… ¡son mis hijos también!

Tú misma me cediste todos los derechos rió abiertamente Javier. Menuda madre

A Clara solo le quedaba lamentarse. No recuperó a su marido (ni su dinero), el nuevo pretendiente no cuajó y, para colmo, ahora los niños vivían lejos. Aunque, siendo sincera, no los iba a echar mucho de menos Le había cogido el gusto a dedicarse por completo a sí misma.

Qué injusticia. Diez años de paciencia y abandonar la carrera seis meses antes de disfrutar la recompensa…

No es justo…

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MagistrUm
No supo esperar: El día en que Vera pidió el divorcio mientras servía el té, convencida de que merec…