Dio a luz en silencio y estuvo a punto de entregar a su hija: la historia de Lilka, una joven estudi…

Diario de una matrona

Llevo muchos años trabajando como matrona y he vivido situaciones de todo tipo, algunas agradables y otras realmente difíciles. Como personal sanitario solemos mantenernos al margen de las decisiones familiares de las mujeres que dan a luz, pero recientemente sentí que debía intervenir para ayudar a una estudiante universitaria que había traído al mundo a una preciosa niña y, de inmediato, quería darla en adopción.

La joven, que se llamaba Marisol, ingresó en el hospital tras haber pasado los nueve meses de embarazo sin visitar a ningún médico. Nunca quiso responder a mis preguntas sobre los motivos de esa decisión; y antes del parto, el ajetreo tampoco me dejó tiempo para conversar con ella.

Marisol dio a luz a su hija siguiendo el proceso de forma ejemplar, todo lo contrario que algunas mujeres que asisten a las clases de preparación al parto. Apenas se escuchaban sus gemidos en la sala, obedecía todo lo que le indicaba, y el nacimiento transcurrió sin complicaciones. Cuando tuve a la niña entre mis brazos, llorando con fuerza y anunciando al mundo su llegada, Marisol también rompió a llorar. Se le escapaban las lágrimas y le aseguré que su niña estaba sana y que debíamos alegrarnos por tener en nuestras manos a un ser tan especial.

Sin embargo, ya en la planta, Marisol me comunicó que iba a dar a su hija en adopción. Me pidió que avisara de inmediato a los servicios sociales.

Intentamos convencerla, explicarle que quizá estaba tomando una decisión precipitada, pero la joven madre rechazaba poner a su hija al pecho y pedía que la dejáramos tranquila.

La niña, a diferencia de otros recién nacidos, no aceptaba la leche artificial, pero en cuanto notaba el olor de la leche materna, abría la boca con ansias e intentaba buscar el pecho de su madre, que no se lo ofrecía…

La pequeña empezó a perder peso, y en mi siguiente turno la cogí en brazos y la llevé de nuevo a Marisol, a pesar de que todos me aconsejaban que no lo hiciera. Le expliqué a Marisol que su comportamiento ponía en riesgo la salud de la niña y le pedí encarecidamente que la alimentara. En cuanto Marisol ofreció el pecho a su hija, ésta comenzó a mamar con entusiasmo. Me excusé con un asunto urgente y salí de la habitación, dejándolas solas.

Al volver, media hora después, las dos dormían plácidamente, la madre abrazando con ternura a su hija. Poco después, Marisol salió al pasillo con la niña en brazos, se sentó junto a mi mesa y comenzó a contarme su historia.

Resultó que el padre de la niña era un conocido empresario de Madrid. Casado, evidentemente no recibió bien la noticia del embarazo y sugirió abortar, pero Marisol decidió seguir adelante y dar a luz. Cuando él se enteró de que ella continuaría con el embarazo, se lo contó todo a su esposa, quien aceptó sus disculpas y fue la que acabó acosando a la pobre estudiante, exigiendo que se deshiciera de la niña. Ni el dinero ni las amenazas sirvieron para cambiar la decisión de Marisol, luego el empresario desapareció de la ciudad durante un tiempo indefinido; mientras, su esposa insistía a Marisol para que diese a la niña en adopción.

Al terminar su relato, Marisol me miró sin reparo y confesó:
Quiero quedarme con ella, pero no sé cómo podré cuidar de mi hija en la residencia universitaria y sin dinero…

Al escucharla, le animé y le di todo el apoyo posible. Nuestro jefe de servicio tenía buenos contactos en la ciudad, así que fue sencillo localizar al padre de la niña y pedirle una reunión. Sorprendentemente, el empresario no intentó esquivar el encuentro; apareció pocas horas después y hablamos de todo lo relacionado con el futuro de Marisol y su hija. La verdad, no esperábamos una actitud tan correcta por su parte.

Al salir del hospital, Marisol alquiló un piso en el centro el padre de la niña pagó un año de alquiler y le dio una cantidad considerable en euros que le permitiría no pasar apuros al principio y prometió que en adelante se haría cargo de su hija. Supongo que el padre sintió remordimiento y asumió, por fin, la responsabilidad de sus actos. No sé cómo continuarán la vida de Marisol y su niña. Solo espero que logren formar una familia y que Marisol eduque a esa niña maravillosa en un entorno lleno de cariño.

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