No sabes, Marta, a veces me pregunto por qué terminé casándome con Diego
Hace nada que fue la boda. Yo estaba convencida de que Diego me amaba con locura, sin dudarlo ni un momento. Pero, chica, hubo algo que rompió completamente mi burbuja. Y ni siquiera te hablo de infidelidad, es algo aún más raro algo que para mí es mucho más serio.
Creo que todo pasó porque me empeñé demasiado. Le puse tanta pasión, lo idolatraba, lo quería con todo mi ser… y perdonaba absolutamente todo. Claro, con esa actitud él se fue acostumbrando, empezó a sentirse más seguro de sí mismo, incluso como si tuviera el ego subido a la cabeza. Seguro pensaba que basta con chasquear los dedos y cualquier chica se le iba a arrastrar. Y lo curioso es que fuera de casa no es que levante pasiones Cualquiera otra no le habría tolerado sus cosas ni confiado ciegamente.
Justo antes de casarnos me pidió pasar unos días solo, irse de vacaciones para prepararse para la vida juntos. Yo ahí, pues no pude hacer nada. Lo acepté y, bueno, le dejé irse de viaje.
Luego me contó que quiso irse a desconectar del mundo, perderse en algún rincón sin móvil ni internet. Se fue solito a los Pirineos, a estar con la naturaleza y alejarse de la ciudad. Yo, mientras tanto, me quedé, echándolo de menos cada segundo. Contaba los minutos para que volviera, se me salía el corazón de tanto esperarle.
A la semana regresó y me sentía la más feliz del mundo. Le recibí con todo el cariño posible y preparé su comida favorita, como si fuera una fiesta.
Pero al día siguiente empezó a pasar algo que me dejó helada. De repente, cada dos por tres salía al recibidor o se iba rápidamente al otro cuarto. Al poco, empezó a salir de casa varias veces al día con cualquier excusa: que si la panadería, que si la farmacia, lo que fuera. Un día que salí yo a por algo, abro el buzón y me encuentro una carta. Así, normal, pero para mí, escrita por él durante sus días fuera. Lo que ponía me dejó tocada:
Hola. No quiero seguir engañándote. No eres la persona hecha para mí. No deseo pasar contigo el resto de mi vida. No va a haber boda. Perdóname, no me busques ni me llames. No voy a volver contigo.
Tal cual, directo, sin rodeos y sin piedad
En ese momento entendí por qué estaba tan pendiente del buzón todos esos días: venía a asegurarse de que yo no recibía la carta. Yo la rompí en silencio, sin decirle nada, ni hacerle notar que sabía algo. Pero cómo se supone que puedo seguir viviendo con una persona que no quiere estar a mi lado. ¿Qué sentido tiene casarse y fingir que todo va bien? Sigo dándole vueltas y no lo entiendo, te juro.







