Adoramos a nuestros nietos, pero ya no tenemos fuerzas para ocuparnos de ellos

Nuestros nietos son adorables, pero ya no tenemos energía para tanto jaleo.

Se suele decir que los hijos traen alegría. Pues lo mismo dicen de los nietos. Claro, totalmente de acuerdo… pero siempre y cuando no tengas media guardería viviendo en casa y te quede aún algo de suelto en la cartera. Tenemos una hija, Sofía. Resulta que, con 19 añitos, nos sale una buena noche y nos suelta: Mamá, papá, estoy embarazada. Y no contenta con uno, van y vienen gemelos. Poco después se casó. Yo pensaba que, de alguna manera, el tema se encarrilaría solo.

Es lógico que se nos vino el mundo encima de golpe. Madre joven con dos niños de golpe. Su marido, Daniel, también más verde que una lechuga y cobrando un sueldo de becario. Como era de esperar, los que manteníamos el cotarro éramos nosotros. Tuvimos que buscar más trabajos, de esos que no salen ni en InfoJobs, solo para poder pagarle los potitos y los pañales a la prole. Currábamos desde el amanecer hasta que salía la Luna.

Durante un tiempo vivieron en casa con nosotros. Un despertador humano por la mañana y yo como un zombi, con las ojeras por el suelo porque toda la noche me la pasaba dando vueltas entre chupetes y biberones, para que Sofía pudiera dormir algo. No es de extrañar que mi salud empezara a hacer aguas.

Así pasaron, literalmente, tres años. La parejita parecía que iba enderezando el rumbo y los nietos ya andaban solos, más o menos. Y entonces va Sofía y nos suelta otra bomba: Estoy embarazada otra vez. Directamente le dije que quizás lo mejor era considerar un aborto, porque criar dos ya era una locura. Pero no, ella ahí, como un toro, decidida a tenerlo. Lo tuvo y vuelta a la casilla de salida. Otra vez necesitaban dinero, otra boca que alimentar. Mi marido y yo, de nuevo a la rueda del hámster, dale que te pego, día sí y día también. Aunque Daniel ya traía más euros a casa, ¿cómo iba a mantener cinco bocas él solo?

Al poco, a mi marido le dio un ictus y a mí el corazón empezó a hacerme cosas raras. Comprendí que nuestros cuerpos ya no daban más de sí. Le dije a Sofía que ya nos apañamos y que ahora les tocaba buscarse la vida. Y entonces, va y me remata: otra vez embarazada, ¡del cuarto niño!

De verdad, me quedé de piedra, sin palabras. ¿En qué cabeza cabía? Da la impresión de que pensaban que su padre y yo íbamos a estar ahí de colchón económico hasta el infinito. Pero nosotros ya no podemos más. No sé qué hacer. Y tampoco me apetece que la gente nos critique por dejar de ayudar a nuestra única hija. Pero, sinceramente, ya hemos hecho bastante.

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MagistrUm
Adoramos a nuestros nietos, pero ya no tenemos fuerzas para ocuparnos de ellos