Ya no sé cómo explicarle a mi nuera que mi hijo sufre de gastritis crónica y necesita una dieta estricta.
Mi hijo tiene veintisiete años y hace apenas medio año contrajo matrimonio. Su esposa se llama Begoña. Con motivo de la boda, los padres de Begoña le hicieron un bonito piso de dos habitaciones en el centro de Valladolid. Desde entonces Begoña y mi hijo viven allí.
No guardo ningún motivo para no querer a Begoña. Es una muchacha muy amable, lista y de gran belleza, proviene de una familia acomodada; su padre ejerce de médico y su madre es maestra. Además, Begoña está terminando sus estudios de medicina.
Sin embargo, me preocupa mucho mi hijo. He observado que Begoña no lleva bien la casa y no cuida de él como debería.
Él padece una gastritis de larga data que se agrava en primavera y en otoño, y debe vigilar su alimentación en todo momento. Es una enfermedad hereditaria; mi marido también sufrió úlceras estomacales.
Cuando mi hijo vivía conmigo, me aseguraba de que comiera bien. Al casarse, le advertí de inmediato a Begoña que preparara platos ligeros y aptos para su condición. Begoña estuvo de acuerdo, pero no ha puesto en práctica nada.
Trato de no entrometerme en la vida personal de mi hijo y solo los visito de manera esporádica. Pero cada vez que entro, veo un montón de cajas vacías de pizza esparcidas por el salón. Alegan que eran visitas de amigos.
Al abrir la nevera, nunca hallo alimentos adecuados; solo hay chorizo, queso, ketchup y mayonesa. No aparecen sopas, frutas, yogur, lácteos ni huevos.
Llevo carne: conejo, pavo y pollo, y le pido a Begoña que prepare una sopa para mi hijo. Nunca lo hace; la carne que he comprado sigue congelada en el congelador.
Comprendo que Begoña es joven y tal vez le resulte complicado encontrar tiempo. Pero a su edad yo ya era madre de dos hijos y me encargaba de todo. ¡Begoña ni siquiera logra atender a su marido!
Le he ofrecido mi ayuda: «Si no puedes, déjame cocinar y llevar la comida». Pero siempre me rehúsa. Mi hijo guarda silencio y no se defiende. Hace poco estuvo en el hospital por una gastritis aguda.
Hoy, al recordar estos hechos, siento una gran inquietud. No quiero romper la relación con mi nuera ni empeorar la situación, pero me duele que no me escuche. No sé cómo influir en ella para que cuide mejor a mi hijo. ¿Alguien podrá aconsejarme?






