Y por qué cambié a mi esposa económica por otra mujer

Volví a fregar los platos. Ya llevan tres días apilados en el fregadero. Ni una taza limpia queda. Esperé, esperé… ¿Qué hago ahora? Llegué del trabajo hambriento, enfadado y agotado. Y encima tengo que lavar todos los cacharros antes de poder comer algo.

Y tampoco hay nada para cenar. Solo he puesto la tetera y una olla con agua en la cocina. Al menos puedo hervir unas salchichas. O simplemente cocerlas. Tengo un hambre tremenda. Nunca pensé que tendría que pasar por esto… ¡Y qué sopa de verduras hacía Carmen! Ojalá tuviera ahora un plato de aquella sopa…

Y qué empanadas hacía. Y hojaldres, cada uno con su relleno especial. Y las costillas, su plato estrella. Y la casa, siempre reluciente, limpia, ordenada. Cuando volvía del trabajo, todo estaba impecable. Olía a frescura. Pero ahora…

¿Por qué no me di cuenta antes? Parecía que Carmen no necesitaba nada más que lavar y cocinar…

Un día vi a Lucía. Guapísima, con una falda corta y tacones altos. Salía de una peluquería. Arreglada como nadie. En aquel momento me pareció…

Ella no iba a salones de belleza ni gastaba dinero en su melena, tampoco le gustaba teñirse. Y tiendas de moda, menos aún. Aunque era tan esbelta y guapa como cualquiera. Simplemente no le atraía todo aquello de ser femenina. Siempre en vaqueros y zapatillas. Salía a la tienda o andaba por la casa.

Estoy enamorado de otra le dije a Carmen al llegar. Me voy con ella. No quiero engañarte.

Carmen seguía batiendo nata para un bizcocho. Ni siquiera se giró. Y yo no me dí cuenta de las lágrimas que le caían…

Me cansé de sentir junto a mí, no a mi mujer, sino a una ama de casa. Por eso me enganché tanto a Lucía. Y ahora soy yo quien friega los platos, pasa la mopa y limpia. Cocinar todavía no se me da muy bien, y a veces, por las noches, sueño con los dulces de Carmen…

Lucía lleva manicura nueva, así que no puede fregar. Se pasa la tarde en el sofá, hojeando una revista, yendo a la peluquería para arreglarse el pelo. Hay vestidos tirados por el suelo y ya me he tropezado con un par de sus zapatos. No sabe qué ponerse para ir al salón. Y el vaso de la puerta, ni lo llevó ayer a la cocina; sigue ahí.

¿Por qué cambié a mi mujer por una chica tan perezosa? No es vida, esto no dura mucho. ¿Hago más pasta? Estoy hambriento…

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Y por qué cambié a mi esposa económica por otra mujer