—¿Y ahora va a vivir aquí con nosotros? —preguntó él a su mujer, mirando a su hijo…

¿Y ahora se va a quedar a vivir con nosotros? preguntó él a su esposa, mirando a su hijo…

Carmen Fernández llegó a casa y se sorprendió mucho al ver a su hijo. Luis llevaba ya dos años viviendo con su mujer lejos de ellos y apenas se veían un par de veces al mes, y normalmente sólo los fines de semana. Pero ahora era martes.

¿Ha pasado algo? preguntó Carmen sin siquiera saludar.

¿Es que no te alegras de verme? intentó bromear Luis, pero al encontrarse con la mirada seria de su madre, contestó: Me he separado de Marta.

¿Cómo que te has separado? preguntó ella, rígida.

De carácter fuerte, Carmen nunca había sido muy aficionada a las bromas. Al fin y al cabo, su trabajo en un centro de menores siempre le había dejado algo de dureza en el trato.

Pues hemos discutido balbuceó Luis, intentando dar a entender que no quería hablar más del tema.

¿Y qué? le miró a los ojos su madre. ¿Vas a venir corriendo aquí cada vez que tengas una bronca con tu mujer?

¡Vamos a divorciarnos! soltó Luis de golpe.

Carmen continuaba mirándole con ese gesto que exigía explicaciones. Luis suspiró y acabó diciendo:

Quiere que además de ir al trabajo, también ayude en casa. Pero yo llego agotado.

¿Y te costaba mucho ayudarla un poco? le cortó su madre sin apoyarle.

Pues eso mismo me ha dicho ella. Pero yo le contesté que la mujer debe cuidar del hogar y encargarse de las tareas de casa.

¿Y de dónde has sacado semejante tontería? dijo Carmen, totalmente perdiendo la paciencia.

Estaba cansada tras el trabajo, sólo pensaba en ducharse, descansar y cenar tranquilamente con su marido, y ahora tenía que aguantar a su hijo y sus ideas de otros tiempos. Durante toda su vida había compartido responsabilidades con su marido: ambos trabajaban, ambos hacían cosas en casa y ambos criaban a los hijos, sin diferencias ni disputas por las tareas domésticas. ¡Y ahora su hijo pretendía dividir las labores como si fuera el hombre de la casa!

¡Te lo estoy preguntando! le gritó su madre, tan alto que cualquier otro se habría asustado. ¿De dónde has sacado estas ideas? ¿Acaso te has cansado ya de cazar mamuts? ¡Si los dos trabajáis, los dos traéis dinero! Así que las labores de casa también tenéis que hacerlas juntos. ¿O le has propuesto a Marta que deje el trabajo y se encargue solo del hogar? ¿No? Entonces no te hagas el interesante. ¿Alguna vez me has visto discutir con tu padre por las tareas de casa? No, porque los dos sabemos remar en la misma dirección.

En ese momento entró a casa el padre, Juan Antonio, que al ver a su hijo, preguntó sorprendido:

¿Ha pasado algo?

Luis, pensando que hasta en las preguntas se parecían, respondió:

Me separo de Marta.

Pues eres un burro dijo Juan Antonio brevemente, mientras llevaba las bolsas de la compra a la cocina.

Juan, nuestro hijo es tonto le comentó Carmen a su esposo y le contó el motivo de la pelea.

¿Y ahora va a quedarse aquí con nosotros? preguntó Juan Antonio a Carmen, y luego se dirigió a Luis:

¿Sabes que la palabra esposo viene de estar en pareja y unido? El compañero de vida es ese con quien compartes el esfuerzo. Así que debéis tirar del carro de las responsabilidades familiares juntos. Si uno se escaquea, el otro acaba tirando por los dos. Y así termina esto: o se rompe uno, o se rompe la familia.

Luis se quedó pensando, aunque la rabia hacia su mujer no le terminaba de abandonar. Esperaba que sus padres le apoyaran, pero en realidad le estaban haciendo ver su error. Los padres seguían hablando de él como si no estuviera presente. Juan Antonio sacaba la compra de las bolsas y Carmen la colocaba en los armarios, dejando claro que no pensaban hacerle de niñera.

Luis observaba aquella cotidiana armonía y no entendía cómo, siendo tan duros fuera de casa, entre ellos se trataban con tanta ternura.

¿Y qué haces aquí parado? ¡Vete y arregla las cosas con tu mujer! le ordenó su padre. Y olvídate de quién tiene que hacer qué. En un matrimonio hay que cuidarse y ayudarse, sólo eso importa. Vamos, que tu madre y yo tenemos nuestras propias cosas.

Luis salió de casa desconcertado, no era la reacción que esperaba. Pero al menos la rabia hacia Marta había pasado, y entendió que él tampoco lo había hecho bien, que la pelea no tenía sentido. Y ante todo, comprendió que lo que de verdad quería era construir una familia tan feliz y equilibrada como la de sus padres.

Porque al final, la mayor lección es que la vida se comparte mejor cuando se construye en equipo y se camina juntos, no cada uno por su lado.

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MagistrUm
—¿Y ahora va a vivir aquí con nosotros? —preguntó él a su mujer, mirando a su hijo…